TIEMPOS PREHISTÓRICOS : LAS PRIMERAS RAZAS - PARTE 5



— La raza nahoa.
— Colocación geográfica primero de las tres grandes razas.
— Época de la piedra sin pulir, de la piedra pulida y edad del cobre.
—  Establecimiento de las tres civilizaciones.



La existencia de esas razas en la edad de la piedra
sin pulir está demostrada con multitud de útiles de esa
época que á cada paso se encuentran, y de los que
algunos se continuaron usando después como las puntas
de flechas, las lanzas de obsidiana y los cuchillos de
sílex. Unidos estaban sin duda los continentes todavía
en la época de la piedra pulida; y en esto alcanzaron
nuestras razas tal adelanto, que sorprende como han
podido labrar tan admirablemente sin ayuda del acero
las materias más duras, el cristal de roca y las piedras
preciosas. Pero la separación tuvo lugar antes de la
edad del hierro, pues aquí no se conoció este utilísimo
metal, no obstante que abunda por todas partes, y que
en el mismo centro de la región nahoa, en lo que hoy
es Durango, se levanta un cerro, el del Mercado, se
puede decir de hierro puro, y bastante á abastecer él
solo á todo el mundo.
A la edad del hierro se sustituye en nuestro territorio
la edad del cobre, última muestra del adelanto de
estas civilizaciones, con el laboreo de las minas de oro
y plata y la explotación de rocas finísimas y de
piedras preciosas. Acaso la abundancia de minas de
cobre en Chihuahua, región muy principal de los nahoas,
determinó esta nueva edad.


Respecto de la primera edad, ó sea la de la piedra
sin pulir, tenemos como características las hachas, los
cuchillos y las flechas. Aun cuando todos estos instrumentos
se siguieron usando hasta la Conquista, se
distinguen las más antiguas por la palma que las cubre
y á veces por las dcntritas que en ellas se notan.
Estas primeras hachas son de sílex y labradas á golpe;




presentan generalmente una punta aguda por un lado y
por el otro un filo más ó menos curvo. Se comprende
que servían, según sus formas y tamaño, ya para la
caza y la guerra, ya para el corte de madera y otros
usos industriales. Son semejantes á las que se han
encontrado en diversos lugares de Europa y Asia.

Los cuchillos ó puntas de lanza son láminas de
sílex, unas terminadas en punta y curvas por el lado
opuesto y otras de doble punta, que agregándolas un
mango sirven de cuchillos: las hay, aunque son raras,
de forma triangular con un apéndice para fijarlas en el
asta de la lanza. En estas armas la figura se ha dado
al sílex por percusión. Su tamaño y forma varían y se
encuentran en las diferentes regiones del país. Hemos
tenido una doble punta encontrada en la Baja California
á once metros de profundidad.
Las flechas tienen siempre forma triangular más ó
menos prolongada y con un apéndice para fijarlas en el
astil. Se encuentran de sílex, pero la mayor parte son
de obsidiana: estas flechas y las navajas de la misma
roca negra y vitrea, itztli, constituyen una especialidad
de nuestro territorio. Tenían una manera particular
nuestros antiguos pobladores para labrar la obsidiana:
tomaban un trozo ó núcleo, y oprimiéndolo entre dos
maderos iban desprendiéndose delgadas láminas curvas
que les servían de cuchillos ó navajas, y continuando la
operación daban al trozo la figura de lanza ó flecha. Las
pequeñas flechas las formaban por percusión. Por un
sistema semejante de presión, trabajan aún los esquimales
sus trozos de sílex. La obsidiana de Pénjamo


)>arece que fue la más estimada, pues á largas distancias
se encuentran objetos labrados de ella. Este trabajo
esencialmente primitivo debe corresponder, aun cuando
después haya persistido, á la época de la raza monosilábica.
Parece que desde los primeros tiempos constituyó
esta industria un verdadero comercio de armas, y
más tarde fue objeto mercantil la misma obsidiana sin
labrar, pues en Yucatán se encuentran flechas de obsidiana,
y en Casas Grandes del Gila, en la frontera del
Norte, no solamente se han hallado esas armas, sino los
trozos que saltan al formarlas.
No conocemos hachas de este material, sin duda
por ser vítreo y quebradizo; pero como se le daba un
filo muy cortante, se empleaba en las navajas de la
espada nahoa ó macana, macuáMiitl.




La piedra pulida corresponde, en nuestro concepto,
á la raza nahoa, y aun tenían la tradición de que
Quetzalcóatl, uno de los personajes representantes más
caracterizados de esa raza, había introducido y enseñado
el arte de labrar las rocas duras y las piedras
preciosas. Las materias más usadas en esa época
fueron el jade, el pórfido, el granito, la serpentina, la
diorita, la piedra lidia y el jaspe; el sílex y la obsidiana
de la época anterior los trabajaron también por pulimentación,
y admiran verdaderamente las piezas de obsidiana
que llegaron á pulir tan asombrosamente que de
espejos les sirvieron; y no son menos notables los
trabajos de nefrita y cristal de roca.
A esta época pertenece el gran número de hachas
de piedra pulida que en nuestro territorio se encuentran:
varia mucho el material de que están formadas, su
tamaño y figura, notándose que unas son instrumentos
de caza ó guerra, más pequeñas y aguzadas, y otras
servían para los usos domésticos, como el corte de
madera, pues son muy grandes y pesadas con filo de un
lado y planas del otro para dar fuertes golpes. El hacha
se usaba con un mango de madera algo curvo, que se
ataba en la ranura que generalmente tenía aquel instrumento.
En los jeroglíficos, es decir, en la época
moderna, las hachas ya no aparecen como instrumento
de guerra ó de caza, sino como utensilios para la
industria, habiendo algunas pequeñas que se empleaban
como cinceles para labrar las piedras duras.

Si la piedra pulida sirvió mucho para hachas, no se
empleó para lanzas, cuchillos y flechas; pero sí se usaba,
dándole mucho filo, en las navajas de las macanas.
La piedra pulida vino á constituir un gran adelanto
en la arquitectura y sus relieves, en las estatuas de los
dioses, en los amuletos y aun en el adorno de las personas.
Parece que los primeros adornos fueron cuentas
lisas de barro cocido: en el tajo de Tequixquiac se han
encontrado conchas perforadas que sirvieron en aquella
época primitiva para formar collares y pulseras. Esto
y las plumas fueron el principal ornato de los primeros
pueblos. Además de las conchas usaron caracoles
perforados, que debían producirles un sonido semejante
al de los cascabeles. En época posterior ya usaron las
cuentas de barro labradas y pintadas de colores vivos, y
comenzaron á usar cuentas de piedras sin más pulimento
que el natural que tienen los pequeños cantos rodados
de diorita, espato calizo, cuarzo, etc. Los taladros de
estas piedras son imperfectos, y unidas por hilos vegetales
ó por tendones, les servían de gargantillas, pulseras
y pendientes. Más tarde comenzaron á labrar las piedras
más finas y más duras, dándolas diversas formas y un
pulimento admirable: las unas tenían formas de almendra
y el taladro se les hacía en la parte superior para
colgarlas en los collares; las otras tomaban la figura
redonda ó algo alargada de cuentas, su taladro es
cilíndrico; y se hacían principalmente de rocas verdes
muy finas, que llamaban chalchihuitl , y aun de piedras
preciosas. Poco ha hemos visto una cuenta de esmeralda
perfectamente perforada.


En cuanto á los amuletos é idolillos que usaban
también colgados en los collares, encontramos en la
época primera trozos muy incorrectos de barro cocido
con pequeños pedazos sobrepuestos para figurar los ojos,
la nariz y la boca, que muestran un estado rudimentario
y acusan el atraso de una edad primitiva. Muestra de
esto son los barros de Tuyahualco, ciudad muy antigua
que se cree fue sepultada en las cenizas que produjo
en tiempo inmemorial la erupción del Axochco. Después
encontramos estos idolillos y amuletos con un trabajo
verdaderamente precioso, formados de las rocas más
finas, de obsidiana y de oro.
Pero, como ya hemos observado, nuestras razas no
pasaron de esta edad de la piedra pulida á la del hierro,
pues jamás usaron de este metal. Hemos dicho que en
nuestro territorio se sustituyó esta edad por la del
cobre. Es de presumir que el oro que se encuentra en
forma de pepitas en la región nahoa (á ella pertenecía
California), y el cobre que se halla á menudo en estado
nativo y en trozos considerables, llamaron la atención de
aquellos pueblos por su brillo y apariencia exterior. Más
útil el cobre para ciertos usos, empleándolo para hachas,
cinceles y otros instrumentos, después que aprendieron
á fundirlo lo usaron para objetos de ornato, idolillos y
relieves. Llaman la atención unas agujas de cobre que
hay en el Museo y un disco con el sol grabado que fue
traído del rumbo de Zapotlán.

El hallazgo del cobre y el principio de su uso se
revelan en el nombre que le impusieron los nahoas:
llamáronle tepuztli, palabra compuesta de teÜ, piedra,
y de piiztecíli, cosa que se quiebra como palo.
De todo esto se deduce que á la raza primitiva
corresponde la época de la piedra sin pulimentar; que
los nahoas introdujeron la piedra pulida; pero como no
conocieron el hierro, que usaron los aryas y que fue
propagado en el Viejo Mundo por sus emigraciones,
claro es que nahoas y aryas no tuvieron ninguna relación
y que la separación de los continentes tuvo lugar
en la época de la piedra pulida, formándose después
en nuestro territorio una edad especial, la edad del
cobre.






Bajo estos auspicios se fundaron las tres civilizaciones.
La más primitiva, la otomí del centro, antigua
ocupadora del territorio, ni siquiera puede llamarse
propiamente civilización. Agrupaciones de una familia á
lo más que habitaban en una caverna sin Dios }• sin
patria. En un clima benigno no necesitaban vestirse, y
solamente adornaban su cuerpo de plumas y figuras
fantásticas. Vivían de los frutos naturales y de la caza,
que era abundante, y acaso emplearon por único placer
el uso en pipas del tabaco silvestre. Si llegaron por la
necesidad del alma á formar seres superiores, inventároslos
animales. Si tuvieron ritos, sólo fueron los
funerarios que tienen que crear la pena del coi-azón.
No teniendo ciudades ni ganados y desconociendo la
agricultura, no podían comprender la propiedad; y sin
patria y sin ciudad debe haberles sido desconocida la
guerra, y solamente podrían tener riñas por enemistades
de familia ó en defensa de su hogar. Para éste tuvieron
que inventar el fuego, y existe la tradición y se conmemoraba
en ceremonias solemnes, de que lo encontraron
frotando de punta un palo seco sobre el hueco de otro
horizontal.

La segunda raza se estableció ya con la civilización
que traía, ocupando en un principio el territorio del uno
al otro Océano y escogiendo después de preferencia el
lado del Pacífico más propio para la agricultura. Generalmente
los pueblos han pasado del estado cazador al
pastoril; no habiendo aquí rebaños, la transición fue
inmediatamente al agricultor. Hay motivos para presumir
que la parte oriental de este continente, que era la
más baja, permaneció algún tiempo bajo las aguas, y
huellas hay de que en la occidental abundaron las lagunas.
Así es que aquella civilización debió ser lacustre;
pero no ha de entenderse que los nahoa.se formaron sus
habitaciones en los lagos sobre pilotes, sino que se
establecieron en las islas que en ellos había. Veremos
más adelante el progreso y desarrollo de esta civilización.
La del Sur nos es conocida ya con influencias
extrañas que tenemos que estudiar después; y reduciéndonos
sólo á la península maya, podemos decir que su
terreno ha salido de las aguas y por lo mismo es posterior.
El mismo nombre maya lo indica, pues es voz esa
que quiere decir: la huella del agua ó el sedimento de la
tierra que el agua deja al escurrirse.

Naturalmente llegaron después sus habitantes, y por esto y por lo
llano de la región no pudieron tener la época de las
cavernas, á pesar de ser pueblo monosilábico primitivo,
y debieron comenzar con la vida lacustre.
Así se establecieron los gérmenes de las tres civilizaciones
que debían irse desarrollando en el transcurso
de los siglos, hasta que la nahoa, más perfecta y más
poderosa, se extendiera y dominara en todo el territorio.


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PARTE 4
http://elblogdellibro.blogspot.com/2011/06/tiempos-prehistoricos-parte-4.html

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