LAS 4 EPOCAS O SOLES.

LAS 4 EPOCAS O SOLES.
PARTE 1.
 
— El Atonatiiih ó sol de agua.
—Fábula de los gigantes.
— Su muerte.
— Desaparición de los grandes paquidermos.
—El Ehecatonatiuh ó sol de aire.

Contaban los nahoas cuatro épocas ó edades desde
su existencia como raza, ó sea desde su establecimiento
en nuestro continente. Según sus tradiciones, en cada
una de ellas había perecido la humanidad salvándose
solamente una pareja, que en cada caso había servido
para perpetuar la raza. Al fin del cuarto sol la destrucción
no había sido tan grande como en las tres primeras.
Si recurriéramos á los cronistas para explicar las cuatro
épocas 6 soles, nos encontraríamos con una gran
diferencia en todos ellos, no solamente sobre su número
y orden, sino principalmente en lo que á la cronología
se refiere. El mismo Humboldt, que fué el primero que
dio á conocer los jeroglíficos relativos del códice Vaticano,
confundió su sucesión. Nosotros nos valdremos
de esas pinturas como la fuente más auténtica para
explicar los cataclismos que sufrió la raza humana y de
los cuales conservaban perfecto recuerdo los nahoas.
Eepresenta la primera pintura el Atonatiuh ó sol
de agua: es la primera catástrofe; la destrucción de la
especie humana por las aguas que inundaron la tierra
habitada. La escena, digámoslo así, está pasando dentro
de un gran símbolo del agua, terminado en diversas
direcciones en puntas con gotas. En el original este
fondo es azul como el Océano.
De la parte superior de la pintura baja la diosa del
agua, Chalchiuhtlicne ó Chalchiaieye, la de las enaguas
azules, la de la cauda azul, como con inspiración poética
la llamaban los nahoas. Al mirar un extenso lago ó la
mar tranquila, se comprende la belleza de la figura conque
la teogonia nahoa decía á la diosa del agua, la de
la falda azul. Adorna la cabeza de la diosa el símbolo
ácatl, caña, que le forma pintoresco y elegante tocado.
Nada más natural que el que adornasen los aztecas á la
diosa del agua con la caña que en tupidos grupos crece

en las lagunas de nuestro Valle, los cuales cimbrados
por el viento al caer la tarde, forman no sabemos qué
misterioso concierto que remeda el gemido de nuestros
bosques de ahuehuetes y el arrullo de las tórtolas del
Anáhuac. El adorno de la espalda semeja en las dos fajas
que caen y que se ven sembradas de puntos, el símbolo
del milli, campo ó milpa; y en la parte superior parece
que brota una mazorca de maíz. Simbolismo también
muy propio, pues que el agua, fecundizando los campos
hace nacer en ellos los frutos bendecidos. Por oposición
la diosa tiene en las manos un estandarte compuesto de
los símbolos de la lluvia, los rayos y los relámpagos,
ya para significar esta frase del agua, opuesta á la que
acabamos de describir, ya para darnos á entender que el
cataclismo que la pintura representa tuvo por origen
el agua. El color de sus enaguas, caéyetl, y de las
sandalias, cactli, así como el collar de hojas y flores
que la adornan, simbolizan también los benéficos efectos
de la diosa.
Inmediatamente debajo de ella se ve á un hombre y
una mujer desnudos en la actitud de estarse hablando,
los cuales se salvan de la inundación en el tronco hueco
de un ahnéhuetl, que conserva todavía sus verdes ramas
y que sobrenada en medio de las caudalosas aguas que
lo rodean.
A derecha é izquierda de este grupo está la imagen
de un pescado, significando que todo lo cubrió el agua,
y que solamente los peces quedaron viviendo en la tierra
en un océano convertida. Y para dar mayor fuerza á
esta idea, sobre el pescado de la izquierda se ve el
símbolo casa, calli, del cual sale la cabeza de vm
hombre y un brazo extendido, como en actitud de nadar,
para representarnos que los hombres se ahogaron, que
las casas y ciudades fueron cubiertas por el agua y

que solamente se salvó el par que en empeñada conversación
se ve en el ahuehuete.
No puede pintarse de una manera más concisa, pero
más enérgica y expresiva, la catástrofe del ^/om^/ímA:
podemos decir sin exageraciones que los más hermosos
fastos del arte, no nos dan una idea tan completa de
aquel espantoso suceso como este sencillo jeroglífico de
nuestros antiguos indios.
AI fin de la pintura y fuera del cuadro simbólico del
agua está un hombre muerto de un tanmño proporcionalíuadros,
la misma pintura de Poussin, inmortal en los ' mente colosal.




Sol de agua. —Atonaliuh


Naturalmente sobre este hecho, consignado en los
viejos jeroglíficos, é inspirados en la misma pintura,
formáronse relatos de lej'endas que varían según los
cronistas que nos los conservaron. Llámase á esta edad
Conizutal ó cabeza blanca, para significar que es la más
antigua. (Cuéntase que los hombres quedaron convertidos
en TlacamicTiin, personas pescados; que los náufragos
fueron adorados por dioses, y que uno de ellos
fué Quetzalcoatl. Otros dicen que no se salvó únicamente
un par en un ahuehuete, sino que escaparon siete
en unas cuevas. Refiere alguna crónica que llovió tanta
agua y en tanta abundancia, que se cayeron los cielos
y las aguas se llevaron á todos los indios maceguales, y
de ellos se hicieron todos los géneros de pescado que
hay. Los historiadores que tratan de encontrar en
nuestras antigüedades conformidad con el relato bíblico,
dicen que éste fué el diluvio, y agregan de su cosecha
algunas tradiciones conformes con la de Noé, como que
la destrucción se verificó por rayos y aguaceros, que las
aguas subieron quince codos sobre los más altos montes,
que se salvaron unos pocos en un toptlipctlacalli ó arca
cerrada, y de ellos se multiplicó la especie, y que para
escapar á otro diluvio, A'elhua construyó una torre
altísima, que es la pirámide de Cholollan, y durante su
construcción sobrevino la confusión de lenguas y la
dispersión.
Si examinamos la pintura, único dato auténtico que
de los mismos indios tenemos, se verá desde luego

que no hay tal arca cerrada, ni torre de Babel, ni
confusión de lenguas. Ni representa siquiera una catástrofe
en que cayeran los cielos convertidos en lluvias
abundantes: entonces el dios que preside el cataclismo
habría sido Tkdoc, dios de las tempestades, y no
ChalchiuhÜicíie , diosa de las corrientes de agua. La
pintura no representa el diluvio, sino una desgracia
acaecida particularmente á la raza nahoa : es una invasión
del agua que hunde las tierras , y con ellas ciudades,
casas y habitantes; es, en nuestro concepto, el recuerdo
indeleble de la desaparición de la Atlántida. Y creemos
que es confirmación, el hombre muerto que al pie se ve,
y que expresa la muerte de los gigantes y la destrucción
de la primera raza.
En todos los pueblos primitivos encontramos fábulas
de gigantes: no podían faltar, pues, á nuestros antiguos
indios. De ellos estuvo poblado nuestro territorio, según
creían y acreditaban con los grandes huesos de paquidermos
que encontraban fósiles: pero estos gigantes,
llamados quinamétzin ó Imeytlacame, perecieron en el
Atonatiuh, y esto representa el pié de la pintura.
P^scapai'on, sin embargo, algunos, que daban muchas
molestias á las tribus que después llegaron, obligándolas
á que les tributaran grandes comidas; por lo que dichas
tribus se reunieron en consulta y acordaron acabar con
ellos; para lo cual les dieron un banquete en que los
embriagaron con pulque, matando á todos cuando en ese
estado se encontraron. El héroe de esta aventura es
también Xelhua, el constructor de la pirámide de
CholóUan, el jefe de los ulmecas, que ya hemos mencionado.
En la historia geológica de nuestro territorio tiene
la muerte de los gigantes significación distinta de la
que la tabula le atribuye. Los grandes yacimientos de
huesos fósiles, que en muchísimos lugares se encuentran,
acreditan que hubo un tiempo en que abundaron aquí
los cuadrúpedos conocidos en el Viejo Mundo y entre
ellos los grandes paquidermos. Cuando llegaron los
españoles, los indios ni siquiera conservaban recuerdo,
ya no solamente de los elefantes, ni aun de las vacas,
caballos y demás cuadrúpedos domésticos; pues únicamente
conocían un perro especial, itzcuintli, que no
ladraba ni tenía pelo. Pues bien, los nahoas habían
colocado la destrucción de esos cuadrúpedos, y especialmente
la de los gigantescos quinamétzin , en la catástrofe
del Atonatiuh. Nada más lógico que el que los^
mares inundando las tierras los hubieran hecho perecer;
y no ha faltado sabio que haya hecho la profunda
observación de que la separación de los continentes dejó
el nuestro tan angosto que no correspondía ya á las
necesidades vitales de los grandes paquidermos, que por
esta circunstancia perecieron. Esto concuerda con nuestra
pintura: el Atonatñih es el hundimiento de la
Atlántida y en él perecen los gigantescos quinamétzin.
Volviendo á nuestra pintura, agregaremos que, fuera

de lo que puede llamarse el cuadro de la catástrofe,
hay á la izquierda varios signos numéricos y á la
derecha signos numéricos y diferentes símbolos. Los
números de la izquierda dan en opinión general, y con
ella la de Humboldt, 4008 años desde la época en
que los nahoas ponían la creación de la humanidad
hasta este primer cataclismo ó sol de agua. Los signos
de la derecha, teniendo como tenemos ya el año del
suceso en los de la izquierda, nos dan el día en los
puntos numéricos y el símbolo del agua que rodean, el
cual es el matladli atl, y el mes Atemoztli en la
figura inferior. Nos queda á la izquierda de los numerales
un símbolo que parece una atadura de hierbas y
que representa el solsticio de invierno.
La segunda edad ó catástrofe fué el EhccatonatiuTi
ó sol de aire. Examinemos la pintura correspondiente
del códice Vaticano. Como en la primera baja también
en ésta un dios de la paile superior : el dios es Quetzalcoatl,
fácil de reconocer en su cauda de culebra
adornada de plumas, en el báculo que sostiene en la
diestra y el plumero de quetzalU que empuña en la
siniestra. Como Queízalcoatl era el dios del viento,
se comprende que la catástrofe aquí pintada tuvo por
motivo grandes y espantosos huracanes. Así lo significan
claramente las cuatro figuras que rodean la caverna
que se ve en la parte inferior del cuadro ; esa figura es
el símbolo muy conocido de ehécatl, el viento; está á
las cuatro extremidades de la gruta, y de sus bocas
salen cuatro grandes cuadrados como para mostrar que
el viento sopló con furia en todas direcciones.
Se resiste uno á creer que solamente huracanes
hayan causado tan gran catástrofe, que hubiesen concluido
con la raza humana. Si, como pensamos, estas
pinturas están tomadas del TeoamoxtU, es decir, de la
religión que los tolteca trajeron de los pueblos del Norte
que fueron su cuna, si esto forma parte de la teogonia
tlapalteca, en aquellos pueblos y en sus condiciones
geográficas debemos buscar la verdad de esta época.
Desde que por primera vez vimos esta pintura, nos
llamó la atención algo que no nos pudimos explicar
satisfactoriamente. De las bocas de los eliécatl salen los
cuadrados formados por líneas paralelas que representan
sin duda alguna las corrientes de aire : estos cuadrados
siguen, como hemos dicho, la dirección de los cuatro
lados de la pintura, en lo que fácilmente se comprende
la idea de que el viento sopló por todos rumbos y que
fué un huracán deshecho. Pero hay además diversas
líneas curvas de puntos, que también en todas direcciones
figuran caer sobre la tierra. Estas no pueden ser
la manifestación de las corrientes de aire, pues los
ehécatl y los cuadrados que , por decirlo así, soplan,
son bastantes á dar la significación del huracán. La
escritura jeroglífica es y tiene que ser demasiado sencilla
; no puede admitir lo que llamaríamos pleonasmos
de la figura. Por lo mismo, dichas curvas de puntos


tienen que significar algo diferente. Se observa también
que la parte superior de la caverna en que se salva el
par representante de la humanidad , muestra unas peñas
cubiertas de algo blanco, como si quisiera ser la representación
de la nieve; la entrada, que aparece como la
boca de una serpiente , manera jeroglífica muy usada de
representarla, se ve blanca. Los hombres salvados
se ven también blancos , á diferencia de los de la pintura
del Afonatiuh, que tienen su color natural. Si agregamos
á esto que las curvas amarillas de puntos significan
jeroglíficamente las nevadas , creemos que no es
aventurado decir que la pintura es un recuerdo de la
época glacial. Se conservaba la tradición de que en ese
segundo sol ó época la humanidad había sido devorada
por los tigres, lo que nos trae á la mente el recuerdo
sincrónico de la edad de las cavernas. Llama la aten-




 Sol de airé. — Ehecatonatiuh


ción que mientras los ehécatl están en las cuatro extremidades
de la caverna y en la parte inferior de la
pintura, como pretendiendo explicar que el huracán
soplaba en la tierra, salgan de la parte superior, del
mismo dios, del cielo, las curvas de puntos que bajan
á rodear la cueva en que se salvan un hombre y una
mujer que hablan expresivamente frente el uno del otro.
Tenemos, pues, (Jue siguiendo de manera exactísima
la historia de nuestro planeta tal como nos la enseñan
los últimos descubrimientos de la ciencia, los nahoas
conservaban como recuerdo de la segunda calamidad que
sufrió su raza, la memoria del Ehecatonafinh, es decir,
de la edad de las cavernas y de la época glacial, en que
la humanidad se destruyó en gran parte en lucha terrible
con las fieras y con los elementos.
Así como en el Atonatiuh se ven pintados unos
peces , ya para dar á entender que la tierra toda se
cubrió de agua, ya para significar su creación, de la
misma manera en el Ehecatonatiuh se observan, tres
monas, ozomatli, una caminando sobre la caverna, y
las otras dos saltando una á derecha y otra á izquierda.
También la fábula debía sacar provecho de esta

pintura; y de la misma manera que decían que los
hombres de la primera edad se habían convertido en
michi, pescados, inventaron que en la segunda se
tornaron en monas, ozomatli. Otra leyenda dice que
de los grandes huracanes habían escapado algunos hombres
refugiados en cuevas, y que cuando salieron á
ver lo que había pasado, hallaron la tierra poblada de
monos que había traído el viento. En la tradición
mexicana esta catástrofe no había destruido á la
humanidad, sino que el viento fué tan impetuoso que
derribó los árboles, arruinó los edificios y destrozó
las montañas, y á las gentes las transformó en ozomatli.
¿Qué quisieron significar los nahoas con las monas?
¿La aparición entonces de los cuadrumanos, ó que los
hombres, como ellos, anduvieron por las montañas, y
fueron á buscar refugio á las cavernas? No lo sabemos:
pero nos llama la atención que óztotl, caverna, y
ozomatli, mona, tengan la misma raíz oz.
Sí debemos notar, que así como la destrucción de
los gigantes en el primer sol, no puede significar más
que la desaparición de los grandes paquidermos que
habitaban estas regiones, y cuyos huesos se encuentran
en gran abundancia en nuestro país, así la huida de
las monas confirma la época glacial, pues animal es
éste que busca y habita los países cálidos, y que
naturalmente abandonó la tierra en que hizo estragos
el Ehecaionatiuh.
El señor Orozco creía que las monas podrían relacionarse
con la aparición de la raza negra en nuestro
territorio: más bien la tendrían con su alejamiento, y
esto explicaría cómo, huyendo de los lugares fríos, se
encontraron sus restos en los pantanos cálidos de las
costas de nuestro continente.
En esta pintura tenemos también signos numéricos
que nos marcan la época del acontecimiento : los de la
derecha, según opinión general, expresan que el Ehecatonatiuli
tuvo lugar 4810 años después del Atonatiuh,
y los símbolos de la izquierda significan que el hecho
aconteció el día ce ocelotl del mes Paclttlt. Encontramos
junto el manojo de hierbas ; pero sus puntas se
dirigen hacia abajo : expresa el equinoccio de primavera.


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