TIEMPOS PREHISTÓRICOS : LAS PRIMERAS RAZAS - PARTE 3



—Inscripciones en rocas.
— Pipas.
— Tipos.
—Relaciones con los chinos.
—Inscripciones monosilábicas.
—La Atlantida.
—La raza nahoa.
¿Pero alcanzaron alguna cultura aquellos primeros
pueblos? No nos extraña el encontrarlos ya en el
período histórico degradados y casi embrutecidos. Las
invasiones los desgarraron sin comunicarles su savia
nueva, y los pueblos inferiores van bajando y pereciendo
al contacto de razas más adelantadas. Mal
haríamos en juzgar por nuestros actuales indios el
estado que guardaba el señorío de México antes de la
Conquista. Y sin embargo, nada más han pasado tres
siglos, y las circunstancias desfavorables no han podido
compararse á lo que debieron sufrir aquellos primeros
pueblos, destrozados de siglo en siglo, empujados de
valle en valle y lanzados de montaña en montaña.
Juzgamos que alcanzaron alguna cultura porque nos
han dejado inscripciones en rocas. El jeroglífico primero
no pudo ser ideográfico, tuvo que ser meramente
figurativo; y en él no podemos encontrar signos convencionales,
sino para expresar ideas muy vulgares y necesarias,
que no podían representarse materialmente. Tal
es el carácter de las inscripciones en rocas. La humanidad,
como el hombre, tiene tendencia instintiva á
querer perpetuar su memoria ; primero quiere dominar
en toda la tierra, después quiere conquistar todo el
tiempo. Para esto levanta monumentos que en su
soberbia cree imperecederos ; pero cuando no ha llegado
á esa cultura aprovecha los monumentos de la Naturaleza
y graba en las montañas sus recuerdos.
Y en esto también se relacionan los diversos
pueblos primitivos del continente. Encontramos esas
inscripciones en altísimas montañas del Perú, y no
pertenecen á los pueblos civilizados porque los incas
no usaron jeroglíficos. Humboldt refiere que en la
América meridional, entre el 2° y 4" grado de latitud
norte, se encuentran rocas de granito y de syenita
cubiertas de representaciones simbólicas, figuras colosales
de cocodrilos , dé tigres , de utensilios y de signos
del sol y de la luna , en un paraje enteramente despoblado
que tiene una extensión de más de quinientas
millas cuadradas. Esta llanura está rodeada por cuatro
ríos, el Orinoco, el Atabasco, el Río Negro y el Casiquiare,
y Humboldt afirma que las inscripciones no
pueden ser obra de los pueblos circunvecinos existentes,
de manera que deben pertenecer á la raza primitiva.
Hagamos notar de paso y como incidencia la igualdad
del nombre del río Atabasco" con el de las tribus
athapascas ó atabascas de la parte más septentrional
del Nuevo Mundo.


En nuestro territorio, en que dominó al fin la
civilización nahoa, no podían encontrarse inscripciones
de ese carácter; y sin embargo, hay como un recuerdo
de ellas en diversas esculturas hechas en los cerros, y
hacia la parte Norte se encuentran semejantes como la
notable de Tequila. Tenemos además dibujos de piedras
colosales grabadas que existen en el Estado de
Durango.
Pero en el territorio de los Estados Unidos se han
encontrado varias de esas inscripciones, y siguieron su
sistema las tribus bárbaras hasta tiempos muy avanzados,
como lo demuestra la famosa roca llamada Dighton
Writing Rocl.
No nos atrevemos á sacar consecuencias de todos
estos hechos , pues son de por sí aislados y no queremos
entrar en cuestiones inútiles sobre si esa raza primitiva
nació en esta, tierra ó en tiempo lejanísimo vino á ella.
Nos basta encontrar pueblos monosilábicos , pueblos con
 Hiedra labrada de Aype.


conexiones que no pueden ser casuales, extendidos por
todo el continente, para cometer la audacia de decir:
la primera raza que existió aquí , y por eso la llamamos
autóctona, fué la raza monosilábica.
No necesitamos de esfuerzos de imaginación para
figurárnosla en aquellos tiempos primeros. Mayor calor
en la temperatura y mayor extensión en las tierras
producían extensísimos bosques de árboles gigantescos.
Sin duda que ya desde entonces sacudían al viento sus
canas cabelleras los colosales ahuehuetes de Chapultepec,
ya se extendían por todo el lomerío los tupidos arbolados
de altísimos cedros, y ya los pinares bordaban las
crestas de las elevadas .montañas que rodean nuestro
Valle, entre las cuales deáfcolhiban ya desde entonces el
Axochco, semejante á titánico león dorando, que aun no
despertaba para rugir su primera erupción, y el Popocatepetl
y el Ixtacíhuatl, que ya cubrían sus frentes de
eternas nieves. En un cielo de brillante azul reverberaba
un sol de oro. En la inmensa cuenca se adormecía
inmenso y tranquilo lago. Poblaban los aires el águila
caudal y aves extrañas de tamaño extraordinario;
mientras por las laderas caminaba el pesado elefante,
saltaba el feroz tigre y pastaban tranquilos el buey, el
caballo y el cochino al lado del glyptodón que arrastraba
pesado su carpacho, que semejaba escudo de gigante.
Era la habitación del hombre, desnudo y apenas ornado
de plumas y de labores de diversos tonos en su cuerpo
y rostro feroz, la caverna abierta en la montaña, y en
tanto que en ella se resguardaba la familia desnuda
también, que quedaba adorando á sus ídolos-animales,
el hombre buscaba en la caza el alhnento con su flecha,
teniendo á veces que sostener en defensa de su persona
y de su guarida, combates terribles con la fauna colosal.
En aquellas circunstancias aparecieron sin duda los
primeros hombres negros. La vida no pudo ser en esa
época sino la lucha por el sustento. La familia se

formaba solamente por el instinto animal. La inteligencia
se limitaba dentro de los cráneos comprimidos de
aquellos salvajes. Xo pudiendo levantar su alma, la
sentían pesada como la materia y con la muerte del
cuerpo creíanla muerta. La sociedad era imposible: no
podía existir más que el agrupamiento por necesidad.
La única ley era la fuerza y el único ingenio la astucia.
Se alimentaban con los frutos silvestres que tomaban de
los árboles y con la caza que perseguían en el bosque,
y por lo mismo no era posible la propiedad y era desconocido
ese derecho. Así como nada los ligaba al cielo
y á un Dios eterno, nada tampoco los ligaba al suelo y
no había para ellos patria. Expresábanse en lengua
salvaje y en todo revelaban su primitivo estado de
barbarie.
Pero entre esa época y la que se distingue por las
primeras introducciones de la civilización nahoa, hubo
otra de que no quedaron ni recuerdos, pero que nos la
revelan algunos vestigios. En el mismo tajo en que se
encontró el hueso labrado, se hallaron también otros
ejemplares de industria humana, como husos ó malacates,
barros con grecas, jarras, una concha de ostra
comenzada á labrar y pipas. No son tan antiguos estos
objetos como el hueso fósil, ni pertenecen á la misma
época, porque no se encuentran en la capa fosilífera,
sino entre la tierra vegetal y la toba. Suponen un
estado de mayor adelanto la existencia del hogar y la
consolidación de la familia: el malacate para hilar
algodón nos presenta una raza vestida; la concha
labrada y los útiles con grecas acusan cierto refinamiento:
todo esto podría referirse á los primeros nalioas,
pero las pipas encontradas nos alejan de ese pensamiento.
Ninguno de los pueblos conocidos ftimaron en
pipa. Estas pipas son de forma nuiy caracterizada, de
barro y con un esmalte ó betún rojo muy brillante.
Debieron pertenecer á una civilización intermedia á la
cual pueden referirse igualmente las inscripciones en
rocas.
Viene confirmando esto la variedad de tipos encon-

trados en Teotihuacán y algunos de sus tocados que no
pertenecen á las civilizaciones conocidas. Ya el ídolo
de tipo chino encontrado en 1867 en un sepulcro de
Ichcaquixtla , (Estado de Puebla), había hecho pensar
en antiguas inmigraciones por el occidente. Pero no
podemos saber la época á que pertenece y ésta tiene
que ser relativamente moderna, pues el ídolo es de
diorita y por lo mismo ya de la edad de la piedra

pulida. Iguales observaciones ocurren sobre otro de
igual materia y tipo, aunque más importante, que hemos
tenido en nuestras manos. Las cabecitas de Teotihuacán,
cuya antigüedad es notoria, nos dan, según las
épocas , tipos muy diferentes : entre ellos algunos induda-


blemente primitivos, acusados por la clase del barro,
por el dibujo y la ejecución. Se hallan tipos que se
distinguen por la falta de pelo, como si aquellos individuos
acostumbraran á raparse la cabeza. Con la cabeza
también lisa, aunque con la frente ancha, ofrecen otros
una forma redonda y bien proporcionada. Los hay con
la nariz abultada y chata y los labios salientes, como
ya hemos dicho. Se encuentran varios rapados, pero
llevando tres adornos ó mechones al medio y á los lados
de la frente. Unos llevan el pelo con una especie de
bandas en forma piramidal , recogido en la parte superior
por un lazo que cuelga al lado izquierdo. Del mismo género
hay otros en que se exagera más el tocado. Obsérvase
á veces el pelo dispuesto en forma de tejado, con un
adorno sobrepuesto alrededor, y tiene de muy singular
el adorno sobre los ojos, que dice el señor Orozco, que
si de tiempos modernos fuera, lo compararía á grandes

gafas ; pero que no puede ser otra cosa que distintivo de
dignidad ó de raza. Tipo egipcio parece el de otros que
tienen una banda sobre la frente y dos especies de alas
laterales: en ellos están bien marcadas las orejas redondas
comunes á varias de estas figuras. Distingue á no
pocos, y acaso es lo que llama más la atención, la
especie de turbante que les ciñe la cabeza y los lienzos
que bajando por las mejillas cierran debajo de la barba,
recordando á algunas naciones asiáticas. Y se ven
también cabecitas con una gran gorra, cuyo labrado
indica pieles y que tiene una pluma ó borla en la parte

superior, lo que hace pensar en los tártaros. A poco
reflexionar se hace patente que de los modelos examinados
pertenecen unos & tipos conocidos, mientras los
otros son completamente extraños y se apartan totalmente
de lo registrado en los tiempos históricos.
Invasiones extrañas en la remota antigüedad, diferentes
de la histórica de los nahoas, parecen indudables.
La más natural que á los historiadores ha ocurrido es
la de los chinos; y tuvo gran apoyo la idea cuando el
padre Nágera sostuvo que el otomí era lengua de
estrecho parentesco con el chino. Contradicha esta idea
por el señor Pimentel , vale la pena de considerarla.
Morton, Maury, cuantos sabios de la materia se
ocupan, encuentran conexiones indiscutibles entre los
diversos pueblos primitivos de América y parentesco
intimo en su gramática y sus lenguas, y señalan como
tipo el athapasco. Pero éste ha recibido muchas influencias
extrañas: aei es que nosotros escogemos mejor tipo,
el otomí, que se conserva más puro y más original y
que corresponde á una raza primera indiscutible. Los
mismos escritores ya no dudan de laá relaciones entre
las lenguas del Nuevo Mundo y las chinas é indochinas.
Vamos solamente á precisar la cuestión entre el chino y
el otomí, porque esto para nosotros trae consecuencias
nnevas y más interesantes de lo que se ha creído.
y no olvidemos que la separación de muchos siglos no
permite que queden sino huellas aun entre lenguas que
hayan sido antes una sola. Por lo tanto, si estas huellas
existen y si también hay relaciones de tipo y de escritura,
entonces una añrmación no sería aventurada. La
comparación entre estas dos lenguas es tanto más
oportuna cuanto que son los únicos verdaderos representantes
que quedan del monosilabismo en ambos
mundos; si bien en su estado actual se encuentran ya
con modificaciones extrañas, lo que hace decir á los
tratadistas especiales que el chino tiende á la aglutinación
, y ha sido causa de que el señor Pimentel llame
cuasi monosilábico al otomí. La primera circunstancia de
ambas lenguas es la gran cantidad de letras en sus
alfabetos: hemos hablado de las del otomí; diremos
ahora que el chino tiene treinta y seis consonantes.
Hemos dicho que en el otomí el monosílabo adquiere
distinta significación y á veces representa diferente parte
de la oración, según el lugar en que se acentúa. En
chino el acento se manifiesta por una especie de entonación
cantante, que puede darse de cuatro maneras
diferentes, lo que hace que cada monosílabo forme
cuatro palabras distintas. La pronunciación china es
esencialmente nasal como la otomí. Cuando se quiso
escribir el otomí fué preciso inventar letras agregadas
á las sílabas, como h, ng, nn, mm, para expresar el
signo musical de la voz. De aquí se sigue que cuantos
sistemas se han empleado para escribir el otomí han sido
todos insuficientes. Por lo que el padre Nágera ha
dicho, que esta lengua necesita de un género de escritura

escritura
en el que hubiera signos conque fijar el significado
de las palabras que con las mismas letras y tono pueden
tenerlo diverso; lo que él pensaba que acaso podría
conseguirse con la escritura china. Por la misma razón
los chinos no han podido usar de la escritura fonética,
es decir, de signos que representen sonidos y articulaciones,
pues eso los hubiera expuesto á innumerables
confusiones, porque muchas palabras muy diversas
tendrían que escribirse de la misma manera y harían
creer que tenían la misma significación. Por eso entre
los chinos la escritura no ha salido del período ideográfico,
durante el cual las ideas se representaban por
imágenes ó por signos de su forma abreviada. Hoy la
escritura china comprende cerca de cincuenta mil signos,
formas alteradas ó abreviadas de las figuras de los
objetos representados, pero que antiguamente manifestaban
los mismos objetos. Basta la similitud de los
elementos citados para poder decir que esas dos lenguas
tuvieron parentesco muy próximo en tiempos lejanos.
Y el parentesco de los dos pueblos se acusa todavía
por la semejanza de tipo: en el otomí se trasluce el
color amarillo de la raza, y los ojos no son horizontales,
sino que se desvían hacia arriba por su lado exterior.
Estas circunstancias son comunes á muchos pueblos del
Norte y del Sur del Nuevo Mundo. También sorprende
la semejanza de las figuras de las rocas esculpidas, que
se encuentran regadas en nuestro continente, con las
figuras de los primeros caracteres chinos. Todo confirma
que ha habido parentesco inmediato entre los chinos y la
raza monosilábica que ocupó toda la extensión del Nuevo
Mundo. De ahí deducen ya que esta raza primitiva
desciende de los chinos. Y á nosotros se nos ocurre
preguntar: ¿no sería lo contrario, que los chinos
desciendan de ella, y sean pueblo emigrante de aquí?
Esto merece que entremos en algunas consideraciones.
Probada entre nosotros la existencia del hombre
posterciario, aparece más moderno el chino, y por lo
mismo es más lógico decir que éste salió de aquí. El
pueblo monosilábico ocupa en la antigüedad todo nuestro
continente; los chinos ocupan primitivamente una pequeñísima
parte del Viejo Mundo, y es natural deducir
que lo menor salió de lo mayor. Las tradiciones de
los chinos nos los presentan, en un principio, como una
colonia que se establece en medio de pueblos extraños,
lo que acredita que llegaba de otros lugares; y como
el monosilabismo no pertenecía á los pueblos entonces
existentes en el mundo á que llegaban, hay que creer
que lo llevaban del mundo en que era la lengua natural.
Los chinos pugnaron por extenderse y se extendieron
á su occidente; luego iban de un lugar que estaba al
oriente de ellos, es decir, de nuestro continente.


1 comentario :

DEJA TU COMENTARIOS CON TUS DUDAS Y SUGERENCIAS,ASI COMO TAMBIEN UN PEDIDO EN PARTICULAR.
TAMBIEN PUEDES TU CORREO ELECTRONICO PARA UNA RESPUESTA MAS RAPIDA.