LOS AZTECAS (LOS MEXICA)

 PARTE 1

— Situación de Aztlán.
— Datos del lienzo de Tlaxcalla.
— Jeroglíficos de la peregrinación.
— Época en que comenzó.
—Estancia en Michuácan


Al derrumbamiento del reino tolteca, conmoviéronse
profundamente las demás tribus que con ellos habían
emigrado y que como los chichimeca habían tomado ya
asiento. Hubo un trastorno general, semejante al del
imperio tlapalteca en el siglo vi. La organización
especial de aquellos pueblos hacía que nunca pudiera
desarrollarse en ellos el espíritu de nacionalidad. Los
tributarios, en una catástrofe, no teniendo más liga que
la servidumbre común , recobraban aisladamente su
libertad; y las tribus, ya libres, peregrinaban en busca
de nueva y mejor fortuna. Así desaparecían en un
instante los viejos imperios , y así sucedió siempre,
precisa y lógicamente , desde la primera conmoción del
Norte hasta la conquista de los españoles. Pero dejemos
á los unos mezclándose con la civilización maya-quiché,
y al resto estableciéndose en nuestro Valle y á orillas
de los lagos.

En tanto que los colhua desarrollaban su reino,
que los chalca bajaban de Xicco al lago dulce, y en
él se establecían los xochimilca y cuitlahuaca, y en
las orillas del lago salado los acolhua y los tepaneca,
una tribu desconocida, pobre y valerosa, peregrinaba
buscando el lugar prometido por su dios: eran los
azteca. En ellos iba á personalizarse la nueva marcha
de la civilización y de la religión nahoas. Llamábanse
azteca porque eran originarios de Aztlán: uno de los
modos de formar los nombres de los habitantes de un
pueblo, era suprimir la última sílaba del nombre de
éste y agregar técatl, que quiere decir persona.






Asíde Tlaxcállan se forma tlaxcalíccatl , de Ciiolóllan
choloUecaÜ y de Aztlán aztécatl y en plural azteca.
Hay gran divergencia sobre la etimología de la palabra
Aztlán, por lo que estas discusiones nos parecen inútiles.

Diremos, sin embargo, que unos pretenden que quiere
decir lugar de blancura y otros que lugar de garzas.
Esto nos parece más probable, porque Aztlán estaba en
medio de un lago, y además en los Anales nonoalca,
manuscrito auténtico é importantísimo, se llama á sus
habitantes aztateca.
Más grave es la famosa cuestión del lugar en que
estaba Aztlán. Comencemos por decir que en el códice
mexica de Mr. Aubin se le representa como una isla
rodeada de agua, sobre la isla se levanta un cerro,
te'peíl, y en él el carácter figurativo hombre, de pié.
El carácter calli, casa, está dos veces á cada uno de
los dos costados del cerro: el intérprete ha puesto
sobre cada una de los cuatro calli, la palabra azteca,
y debajo del tépetl y en una orla, Aztlán. Veamos las
diferentes opiniones. Humboldt presume que debió estar
hacia el 42° de latitud norte. Laphan lo coloca en
Wisconsin, en la parte norte de los Estados-Unidos..
Vetancourt, Clavigero y Bourbourg creen que estaba al
norte de California. En la península de California lo
ponen Boturini, Aubin y Bancroft. Más al norte de
Sonora, Veytia, Acosta y el códice Eamírez. Al noroeste
de México, el Códex Qumárraga y Tezozomoc. En el
norte de Xalixco, Mendieta y el mismo Tezozomoc.

El señor Orozco llama á esta cuestión inextricable. Veamos
la opinión que formamos el señor Orozco y también
nosotros, y que él conserva todavía. Antes debemos decir
que el señor Ramírez pensaba que Aztlán debía buscarse
en el lago de Chalco. No hay duda de que estaba en un
lago, pues demasiado lo significa la pintura jeroglífica.








mismo camino en dirección opuesta.

Los azteca salen
de Aztlán, penetran en Michuacán 

y llegan á nuestro
Valle: Ñuño de Guzmán atraviesa Slicliuacán y llega
como conquistador á Aztlán. Después continúa la
conquista por la costa del Facifico; ocupa el antiguo
Ciiluacán de Sinaloa y se extiende al antiguo territorio
tlapalteca. Es curioso: la conquista española siguió el
mismo camino de las peregrinaciones nahoas, pero en
sentido invei-so; comenzó donde aquéllas concluyeron,
terminiíndo en donde habían empezado.





OBJETOS ANTIGUOS MEXICANOS.—Copm del natural de R. Cantí
1. Lápida de la consagración del gran Teocalli de México ( Serpentina).—
2. Sol , de Cuauhtitlan (Basalto).— 8, Ocelotl, de las ruinas de Mitla (Barro
cocido) —4. Rica manta de algodón y plumas de colores.—
 5. Xiuhmolpilli (Basalto ¡ — 6. Tenatitecuhtli, guerrero del sol: de Tabasco (Barro rojo).
—7. Jarra acromada, de la Huasteca (Barro pintado).—
8. Totee, de Peña Pobre, Tlalpan (Granito).—
9. Pipa, de Teotihuacan (Pizarra verdinegra ). —
10. Jarro, de Palenque (Barro esmaltado).— U. Máscara, de Michuacan (Madera).—
12. Cuchilla para sacrificios, de Texcoco (Pedernal).—
18. Jarra, de Cuernavaca ( Barro pintado de colores).—
14. Jarra, de Casas Grandes, Chihuahua ( Barro pintado de colores ).—
15, 16 y 17. Vaaos
sagrados, de Cholula (Barro pintado de diversos colores).—
18. Plato de Nahui-Ollin, de Tula (Barro pintado).— 19. Quetzalcóatl, de Tlaxcalla
' Pórfido verde )

Estos objetos, con excepción del número 1 , que está en el Museo,
son de la colección del señor Chavero

Para fijar los lugares , principiaremos por el último
punto marcado en la gran expedición de la Conquista.
El lugar se llama Piaztlán, y el jeroglífico es un acocote.
El nombre se compone ie piaztli, acocote, y de
la preposición del lugar flan. En ninguna de las cartas
geográficas impresas se encuentra este lugar; pero
tenemos una manuscrita muy antigua, y en ella, en
Sinaloa y cerca de la costa, está Piasta, que es el
antiguo Piaztlán. La estancia anterior de los conquistadores
es Xayacatlán; su jeroglífico es una cara: el nombre se compone
de xaydcatl, cara, y de la preposición
tim.



Aztlan. — l.ienzo de tloxcalla


El lugar anterior es Tonatiuhyhuetziyan:
su jeroglifico, un sol hundiéndose detrás de una montr.
ña, y se compone el nombre de tonatinh, el sol, la
ligadura i, huctzini, caer, y la preposición yan. La
etiirología del nombre nos muestra claramente que era
un lugar cerca de la costa del Pacífico. El lugar
anterior es Tlaxichco , y su jeroglífico tres flechas:
viene el nombre de tlaxicMli, pasador que se tira con
ballesta, y de la preposición co. El lugar anterior es
Colhuacán, cerro torcido, como se presenta en su jeroglífico,
y su situación es bien conocida en Sinaloa. No
puede dudarse que los lugares citados entre Piaztlán y
Colhuacán están en Sinaloa también, pues estos dos
sabemos que lo están.
Las estancias de los conquistadores que preceden
á las ya enumeradas, son: Colotlán, que quiere decir
lugar del alacrán; de cólotl, alacrán, conque se le
representa en el jeroglífico, y la terminación Üan;
Colihpán, cuyo jeroglífico es un muro torcido; se compone
el nombre del verbo cojiliui, torcerse la pared, y
de la terminación 2)an, y significa sobre la pared torcida; y
Quetzállan, su jeroglífico son tres plumas
de quetzalli. El lugar anterior es Chiamétlan, puerto
conocido en la costa sur de Sinaloa: su jeroglífico es el
maguey ó arbusto de la cliia, chiametl. Inmediatamente
antes está al fin Aztlán: su jeroglífico es una garza, lo
que resuelve la debatida cuestión de etimología. Estos
datos son suficientes para demostrar que Aztlán estaba
en una laguna al sur de Cliiametla, y la iinica laguna
que hay allí es la de San Pedro ó de Mexticácan.
Veamos los lugares que recorrieron los conquistadores
para llegar á Aztlán. Primero Xalixco , en el que es
hoy cantón de Tepic; después Tototlán y Tonallan,
bien conocidos ; luego Achtlán , hoy el Autlán de Tepic,
y en fin , después de Tlacotla , Xochipilla y Apcolco , y
por último Xonacatlán, que está en el mismo cantón,
en dirección de la laguna de San Pedro y á muy pocas
leguas de distancia de ella.


Peregrinación azteca


Para mayor abundamiento,
San Pedro se llama Aztlán, y una hacienda que hay allí
y un pueblecillo llevan el nombre de San Pedro Aztlán.
A esta laguna la llama el señor García Cubas, de
Mescaltitlán , y dice que es muy extensa y se comunica
con el mar: está á los 22° grados de latitud norte y
hay en ella una isla y pueblo llamados Mexticácan.
Es la primera vez que se encuentra el jeroglífico
de ^tlán '
, y creo que se ha fijado tan claramente su
' • Siempre hemos preferido, como prueba de lo que efcrihimop,
las pinturas de los jeroglíficos que nos dejaron los indios; pero no
ubicación, que en lo de adelante ya terminarán las disputas que ha
habido durante tantos años sobre el
lugar en que se encontraba la patria primitiva de los
mexicanos ^
Los azteca, pues, pertenecían á la gran región
de los meca, y eran de los más próximos al antiguo
imperio tlapalteca: sin duda por eso ellos ponían su
punto de salida en Chicomoztoc, que, como hemos dicho,
era el nombre conque se conocían los siete grandes
reinos tlapaltecas. A este propósito, tenemos que sepa^
rarnos de la opinión del señor Orozco. Empéñase en
que este Chicomoztoc es un pueblecillo que está en las
montañas de nuestro Valle; pero no se puede admitir
tal opinión, porque las tradiciones todas colocan el punto
de partida en una región distante, hacia el norte. Los
viajes que por él comienzan, lo ponen antes de Michuacán
; y en fin, en las diversas expediciones que se
hicieron á Sinaloa y Sonora, como la de Coronado,
buscaban siempre en ese rumbo las Siete Cibdades ^.
Ya lo hemos dicho: como estos pueblos vivieron primitivamente
en grutas, quedó el nombre de ozioc como
genérico de ciudad ; y por tener la región tlapalteca
siete grandes centros de imperio y civilización, se llamó
Chicomoztoc.

¿Cuándo comenzaron los azteca su peregrinación?

Aquí volvemos á encontrarnos en contra del señor
Orozco, quien quiere que los dos jeroglíficos del Museo
sean continuación el uno del otro. Tenemos sobre esta
peregrinación itinerarios jeroglíficos é itinerarios de
cronistas. Los jeroglíficos son: el de Sigüenza, publicado
bajo el número 1 en el A fias del señor García
Cubas; la tira del Museo, publicada bajo el número 2 en
el mismo A ¿las; la parte relativa del códice mexicano
de Mr. Aubín y la del códice Vaticano. En cuanto á los
cronistas, varios han tratado de este viaje, y de los
principales nos ocuparemos. Merecen principalmente
nuestra atención los dos jeroglíficos del Museo, que se
publicaron eñ el A fias del señor García Cubas. El
primero es un cuadrado de papel de maguey, en que
las figuras están pintadas con colores, y por el modo
conque está marcada su cronología, se ve que es un
documento de los primeros tiempos de México, cuando
todavía no alcanzaba gran perfección la pintura jeroglífica.
Hemos dicho que originariamente perteneció al
sabio Sigüenza y Góngora, y hoy es del Museo, aun cuando
no se encuentra en él. El otro jeroglífico, también
de papel de maguey, tiene la forma de tira, forma
posterior que se adoptó para que se doblara el jeroglífico
y se formase con él una especie de libro. El dibujo
de las figuras es mucho más perfecto que el de las del
otro jeroglífico, lo que acusa también que es más moderno.
La cronología está marcada año por año con cuadrados,
dentro de los cuales está el símbolo del año respectivo,
y en el otro jeroglífico solamente se señalan los principios
de ciclo ó xiuhmolpiUi , y el número de años de
cada estancia por medio de puntos y sin expresar qué
años eran: prueba también de que éste es más antiguo
que aquél. En el segundo jeroglífico no se usó de
pinturas, sino de tinta negra. Hemos observado que
varios jeroglíficos acolhuas están así, lo que hace presumir
que esta tira se haya pintado en Texcoco. No está
completa, pues le falta una pequeña parte al final. El
señor Orozco afirma que estos dos jeroglíficos son el uno
continuación del otro; que la tira es el primero y el
de Sigüenza el segundo.
Desde luego ocurre que no puede ser el primer
jeroglífico la tira, pues es pintura más moderna que el
de Sigüenza. Se podrá objetar que siendo dos partes de
un viaje, bien pudo pintarse la primera después de la
segunda, tanto más que aquélla acaba en Culhuacán,
y ésta empieza en el mismo lugar. De aquí precisamente
ha provenido el error del señor Orozco. Los dos
jeroglíficos comienzan en una isla junto á Culhuacán,
y en los dos sigue la peregrinación hasta volver casi al
fin, á Culhuacán: luego no son continuación el uno del
otro, sino que refieren el mismo viaje. Pero sucede
que la tira del Museo no está completa , que le falta una
pequeña parte al fin, y concluj^e con la segunda estancia
en Culhuacán, anterior en pocos años á la fundación de
México. Se prueba esto, comparando la tira con la
peregrinación azteca del códice de Mr. Aubin: ambas
comienzan en una isla cercana al Culhuacán de nuestro
lago, y en el mismo año ce tccpatl, 1116; ambas siguen
con muy cortas diferencias en el principio, el mismo itinerario
y la misma cronología, hasta llegar á Culhuacán,
pintar la guerra de los mexica en la fiesta del fuego
nuevo en Chapultepec y dejarlos reducidos á la servidumbre
de los colhua el año orne ácall, 1299. El jeroglífico
de Sigüenza pone también, ya casi al fin y en el
nuevo ciclo ó xiiüimolpüU, este suceso, y marca como
estancia anterior á Culhuacán y también á Chapultepec.
Así es que el último Culhuacán de la tira no es el
primero del jeroglífico de Sigüenza, sino el segundo,
precedido en ambos documentos de Chapultepec, y se
refieren ambos á la segunda estancia de los mexica,
poco antes de la fundación de México. Esto se ve muy
claro en el códice de Mr. Aubin, pues de la estancia
de Culhuacán, que siguió á la de Chapultepec, apenas
transcurren doce años para la fundación de México.
Además, por los mismos dibujos de la tira, se ve que
ésta no concluye, y los sucesos que están pintados á tiempo,
según testimonio conteste de todos los cronistas,
su fin son muy conocidos y fueron causa de que el rey
colima diera libertad á los azteca, los que á poco
fundaron la ciudad de México.





Sin embargo, dice el señor Orozco que el jeroglifico de
Sigüenza no comienza por Aztlán, y que por lo
mismo tiene que ser el segundo; pero tampoco comienza
por Aztlán la tira, sino por una isla junto á Culhuacán
del lago, cuyo nombre no señala el jeroglífico.
Verdad es que el intérprete del códice de Mr. Aubin pone á la
isla, principio de la peregrinación, el nombre de Aztlán;
pero esto es sin autoridad ninguna. Ya conocemos el
jeroglífico de Aztlán en el lienzo de Tlaxcalla, y no
está, por cierto, en las tres pinturas citadas. Esto hace
comprender que en ellas no refirieron los mexica todo
su viaje, sino únicamente la peregrinación que hicieron
desde su primera salida de Culhuacán del lago. Esto
dio margen á un error del señor don Fernando Eamírez,
quien dijo que debía buscarse á Aztlán en el lago de
Chalco. Afortunadamente ya conocemos su antigua
ubicación en la laguna de Mexticácan, cerca del mar, á
los 22° de latitud norte. Está en el rumbo que refieren
uniformes las tradiciones , aunque 20" más al sur de lo
que suponía Humboldt. Y las razones que hemos
expuesto, nos hicieron abandonar nuestra antigua idea
de que Aztlán fuera la isla de Mexcalla en el lago de
Chapalla. Sí creemos que los azteca habitaron esta
isla, como lo demuestra su mismo nombre.
Y puesto que los tres jeroglíficos citados no tratan
del principio de la peregrinación mexica desde la salida
de Aztlán, tenemos que recurrir á otra pintura, al códice
Vaticano. Éste trae como punto de partida de la tribu
á Chicomoztoc , lo mismo que los jeroglíficos del padre
Duran y del códice Ramírez , y con ellos están conformes
los cronistas. Conocida ya la ubicación de Aztlán,








todo se explica naturalmente. Aztlán estaba en la
región tlapalteca, en el territorio de las siete grandes
ciudades, que fueron la magnífica representación de la
cultura nahoa; y por eso los mexica reclamaban con
justicia el haber salido de Chicomoztoc. Según el mismo
códice Vaticano, los guiaba su caudillo HuitzilopochtU.
T. I. -59.


 ¿Cuándo salieron de Aztlán y qué rumbo tomaron?

Que no salieron con los tólteca y demás tribus emigrantes
nos parece cierto, aun cuando, reclamando igual origen,
aparezcan las otras en su compañía en los jeroglíficos
de la peregrinación. Vemos que tomaron diverso rumbo,
pues, más audaces, penetraron en Michuacán. No hay
razón para creer que su peregrinación tuviese otro
motivo que el derrumbamiento del imperio tlapalteca el
año ce ácatl, 583. Podríamos, pues, fijar para su
partida esa fecha; mas el códice Eamírez dice terminantemente
que fué en el año ochocientos y tcin*e.
Debemos notar que Aztlán se hallaba en el lago de
Mexticácan: así es que estaban acostumbrados á vivir
en medio de las aguas, causa determinante de sus
estancias posteriores diferentes de las de las otras tribus.
Por eso es que, atravesando Xalixco hacia el sur, se
detuvieron en el lago de Chapalla, en la isla Mexcalla,
que de ellos tomó su nombre. Su camino natural era
hacia el Michuacán. Cualquiera que lo haya recorrido,
habrá visto que era una larga sucesión de lagunas, de
las cuales unas existen todavía, como la de Pátzcuaro,
la de Cuitzeo y la de Yuriria, y otras se han secado
convirtiéndose en inmensos llanos, como el del Cuatro.
Era el territorio propio para la manera de vivir de
los azteca. Eaza diferente en valor y en audacia de las
otras peregrinantes, no debía torcer camino por los
obstáculos que encontrara é invadió la región de los
lagos. Dominaba además en ella el espíritu religioso
como no dominaba en ningún otro pueblo : arrojados de
la isla en que les hablaba su dios Mexticácan, en
donde se oye á Mexi, penetraron en el lago de Chapalla
para buscar un lugar propicio á su divinidad,
y empujados por el turbión que se desbordaba del
Norte, llegaron á otra laguna, la de Pátzcuaro en el
Michuacán.

 Conforme está el códice Eamírez en que los azteca
no peregrinaron con las otras tribus. Según él, salieron
primero los xochimilca, quienes llegaron á nuestros
lagos y sin oposición poblaron la laguna hacia el Sur.
Poco después llegaron los chalca, se unieron á ellos y
se establecieron á orillas de la laguna, dándole su
nombre. Según los Anales de C^iauJititlán, en el
año 1103, ce ácatl, bajaron de Xicco las chalca á
fundar su ciudad, bajo el mando de Acapol, mujer
de Tetzcátzin, hijo de Chalcátzin. Después de éstos
llegaron los tepaneca y poblaron en paz la parte occidental
de la laguna, fundando la ciudad de Atzcaputzalco.
En seguida los acolhua ocuparon el resto de los
lagos extendiéndose por la parte oriental, y fundaron á
Texcoco. Ocupado el resto del valle por los chichimeca,
otras tribus pasaron por entre las montañas nevadas
del Popocatepetl y el Ixtacíhuatl, y fueron á establecerse
en Tlaxcalla, Cholóllan y Huexotzinco. Culhuacán
estaba fundado de antemano por los nonoalca-chichimeca.
Todo esto acredita que los azteca fueron los
últimos en llegar y que caminaron separados y en
distinto rumbo que las otras tribus, pues ya no hallaron
lugar en que asentarse y tuvieron que seguir peregrinando
muchos años. Según el mismo códice, los azteca
tardaron trescientos dos años en llegar al valle. Esto
concuerda con el jeroglífico de Sigüenza, pues en él

 encontramos á los azteca ya en el valle el año 908;
si salieron de Aztlán hacia el año de 583 y peregrinaron
trescientos dos años, llegaron en 885, y veintitrés años
después comenzó la nueva peregrinación del jeroglífico.
En su viaje desde Aztlán, iban deteniéndose y establecían
ciudades y sementeras, y cuando las abandonaban
dejaban á los enfermos, viejos y gente cansada. Según
la crónica, salieron de Aztlán con su dios RiiitzilopoclitU
ó Mexi, y éste, por boca de los sacerdotes, les
mandaba seguir adelante. Se ve que su organización
era teocrática y que el sacerdote disponía la marcha
suponiéndola mandato del dios. Este no pudo ser en
un principio HuitzilopocMli, pues contestes están los
testimonios en que fué un caudillo que deificaron
después. El dios era Mexi, el xiote del maguey, dios
de la religión primitiva de las plantas. No sabemos
cuáles fueron las primeras estancias de la tribu peregrina,
sino solamente que estuvieron en el lago de
Chapalla, y que penetrando en el Michuacán llegaron
á la laguna de Pátzcuaro. En este hecho están también
contestes las crónicas. El códice Eamírez es terminante.
Dice: «prosiguiendo de esta suerte su viaje,
vinieron á salii* á la provincia que se llama de
Michuacán, que significa tierra de los que poseen el
pescado, por lo mucho que hay allí, donde hallaron muy
hermosas lagunas y frescura.» Y no solamente lo dicen
las tradiciones mexica, las mismas michuaca lo confirman.
Larrea, en su Crónica de Michuacán, libro ya
sumamente raro, dice que los tarascos conservaban un
lienzo jeroglífico de su viaje en el pueblo de Cucutacato,
en el cual constaba que habían caminado con los mexicanos,
y les da por primera patria á Chicomoztoc. No
se le ocultan las diferencias de idioma y de antigüedad,
la tradición de que los tecos fueron más antiguos
pobladores, y concluye que los azteca no fueron los
primeros sino los últimos pobladores del Michuacán.
Estas ideas no van del todo descaminadas, y no se
contradicen con la tradición si saben explicarse. Ya sea
la fábula de Muñoz Camargo relativa al baño , ya la
de Larrea referente á la separación de las tribus por
mandato del dios, y por el prodigio del árbol que se
derrumbó con grande estruendo, es lo cierto que los
tarascos reconocían el origen común; pero, como ya lo
hemos dicho, debió ser la separación de muchos siglos
atrás, según lo manifestaba ya la gran variación del
lenguaje. Los mismos tarascos , antes de los azteca,
recordaban otra invasión de los chichimeca. Es de
suponer, pues, con gran verosimilitud, que el territorio
tarasco estuvo en su principio poblado por la raza
monosilábica, que en época muy remota fué invadido
por las tribus meca, que tenían ya la civilización nahoa,
y que de esta fusión resultó la civilización tarasca.
Como el pueblo tarasco era varonil, guerrero y poderoso,
resistió invasiones posteriores, y por eso los
tolteca y demás tribus rodearon su territorio en sus
 peregrinaciones.

No así los azteca, tribu más valerosa,
que penetró hasta el centro del Micliuacán y llegó á
Pátzcuaro. Otra crónica tarasca, sin duda la más importante
, y que hasta hace poco se encontraba inédita en
la Biblioteca del Escorial, dice que antes de los antecesores
del cazonci vivían en el Michuacán los mexicanos;
y más adelante, hablando del rapto de Curicaberi, señala
el lugar de su morada, que fué Tarimicliúndiro , barrio
de Pátzcuaro. No puede caber duda de la estancia de
los azteca en el Michuacán, estancia que tuvo importantes
consecuencias en el desarrollo de la religión y de
la civilización de los mexica.



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