LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

Hemos escrito la historia del levantamiento del pueblo mexicano contra la dominación española que imperó durante tres siglos en la antigua tierra de Anahuac. Antes
de realizar un propósito , de tiempo atrás concebido, hemos vacilado mucho espantados ante la grandeza de un asunto tanto más elevado cuanto más débiles sentíamos nuestras
fuerzas para tratarlo dignamente; pero los consejos del patriotismo
nos han dado poderoso aliento, y hemos creído que la sinceridad, la buena fe y la firme
intención de rendir culto ferviente á la verdad y á la justicia pudieran
sustituir, quizás con ventaja, á dotes más brillantes, y poniendo al fin manos á la obra sometemos hoy al recto juicio de los hombres peasadoreá y sensatos el trabajo que acometimos con tan extrema desconfianza. No ha sido, por otra parte, pequeño estímulo para
nosotros la convicción de que ninguna época de México independiente y dueño soberano de sus destinos, fué tan favorable como la época actual á la apari(ión de una obra
que, abrazando el vasto conjunto de su historia general, comprenderá, como una de sus partes principales, la historia de la guerra de Independencia. Más de sesenta años han transcurrido desde el término de aquella lucha grandiosa, fecunda en desastres, henchida de lágrimas
y sangre, pródiga en horrores sin cuenta y que azotó á manera de incontrastable tormenta la cuna de nuestros padres; el tiempo ha ejercido su acción ineludible, calmando las pasiones, rectificando equivocados juicios, desvaneciendo más y más cada día los odios y los rencores
engendrados por la lucha, y la historia de la guerra de Independencia , que escrita hace veinte años hubiera degenerado en amarga diatriba, puede y debe escribirse hoy desde un punto de vista sereno y tranquilo con las condiciones que exige su misióu augusta. Separados
por toda una generación de aquella época memorable, estamos colocados demasiado cerca para aprovechar con holgura las más preciosas fuentes de la historia y demasiado distantes para juzgarla con la elevación de miras digna del asunto y de las dos naciones que combatieron con tanto valor como constancia. La guerra de independencia dividió profundamente una sociedad que de improviso y formando contraste con la quietud de que venía gozando desde remoto tiempo, se vio envuelta en deshecha tempestad y arrebatada por
el huracán revolucionario. Hubieron de modificarse, pues, rápidamente los elementos constitutivos de la sociedad mexicana desde el momento en que aspiraciones,
antes encubiertas con sumo cuidado, ideas apenas emitidas en el seno de la familia, deseos vagamente formulados en sueños que acariciaban las almas generosas, revistieron una forma, adquiíieron súbitamente animación y vigor intensísimo y aparecieron en los campos de
batalla empeñados en lucha tremenda y apercibidos á la victoria ó al sacrificio. El estadio de esa modificación se impone al historiador con fuerza ineludible; necesario es, para que su tarea sea fitil y provechosa, descender al examen de las causas que produjeron en instante determinado el levantamiento del pueblo mexicano proclamando su independencia y dispuesto á romper los múltiples y robustos lazos que le ataban á la metrópoli. Tres siglos de dominación no fueron bastantes á borrar tradiciones que halagaban el justo sentimiento de orgullo nacional en los descendientes de los vencidos.Hay en las nacionalidades que sucumben un elemento
que flota en esos pavorosos naufragios de los imperios y que lentamente va formando la piedra angular sobre la que se alzará algún día la sociedad política, destinada
al parecer, á la muerte y al olvido. Y el dominio de España, tres veces secular, no fué bastante, lo repetimos, á desvanecer el sentimiento de nacionalidad en el pueblo sometido á sus leyes ni á lograr la absoluta asimilación de la colonia á la metrópoli, porque se alzaba entré ellas, siempre enérgico y vivaz, el recuerdo de una patria independiente que había gozado de épocas gloriosas, que había sucumbido con noble heroísmo y cuyos timbres invocaban con secreto orgullo los vastagos de aquel brillante y poderoso pueblo que cayó vencido
en el primer tercio del siglo xvi. La misma solicitud y el constante anhelo desplegado por los monarcas de España á favor de los indios desde la egregia Isabel la Católica , qve á diferencia del rey de las tablas astronómicas no desatiende á la tierra j)or mirar al cielo, sino que atiende simultáneamente al negocio del cielo y á los negocios de la tierra ', hasta aquel Carlos II, flaco de espíritu y enfermizo de cuerpo, que cierra melancólicamente la
sucesión de los Austrias en el trono de dos mundos; ese mismo celo que palpita ardiente y generoso en las leyes dictadas por aquellos soberanos desde el principio de los descubrimientos y que brilla inmortal en las páginas de la Recopilación de Indias, contribuyó
eficazmente á perpetuar una división que más tarde concurriría á aflojar los lazos que ligaban á España con sus colonias del Nuevo Mundo. Esa tutoría á que estuvo sujeta la descendencia de los vencidos, esa sustracción, por decirlo así, de toda una raza, acostumbrándola
á vivir apartada del movimiento general, sibien se inspiró en los más bellos sentimientos de humanidad, fué una desacertada medida política: impidió una asimilación que aconsejaba la prudencia, sembró escollos en que se estrelló siempre la administración colonial y
conservó unido, homogéneo, y por consecuencia fuerte, un temible elemento pronto á obrar en el tiempo oportuno. La liarte de, la población intermedia entre españoles é indios, los mestizos y los criollos, í-azas nuevas y vigorosas en las que se unirán las cualidades y defectos
de las dos razas, la vencedora y la vencida, también quedaron apartadas del movimiento político. Pero ellas sabrán abrirse paso lentamente; pero los individuos de esas razas, mirados siempre con prevención por los dominadores, lograrán penetrar en las filas inferiores
del clero y en los empleos subalternos de la administración, y ellos engrosarán las huestes de la insurrección desde el primer momento, y ellos seguirán prodigando
su sangre y sus esfuerzos en el curso del glorioso levantamiento, que tras once años de épica
contienda alcanzó al fin espléndida y merecida victoria. Más elevados en la escala social y enorgullecidos por la sangre europea que en sus venas circulaba.

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