LA FAMILIA NAHOA

en nuestro estudio sobre la familia,
veamos la educación y la vida de la mujer. Establecido
el principio de la poligamia, la mujer nahoa no tenía
más misión que procrear hijos y atender á las necesidades
domésticas. Encerrada en su pieza aislada de la
casa grande , y reuniéndose solamente en la estufa para
comer ó practicar sus ritos , y raras veces en el patio
para las danzas y fiestas, se le enseñaba desde niña á
preparar el alimento, á hilar el algodón y á tejer lienzos
para los trajes y esteras para las habitaciones. Recordemos
que en el mito de la creación se mandó á la mujer que tejiese é hilase. En las ruinas se han encontrado
algunos aparatos para tejer.
Usaban para preparar los alimentos y moler el maíz.á fin de hacer la harina, de un mortero, molcáxitl,
molcajete, instrumento cóncavo, de piedra dura ó barro
cocido, apoyado en tres pies. De esta harina hacían el pinole, polvo que les servía de pan. Hilaban el
algodón y lo tejían así como el iztU ó fibra del maguey.
No se ha encontrado en aquella región el malácatl; así es que no sabemos qué clase de huso tenían; pero usaban
un telar semejante al que todavía tienen en algunos
pueblos de indios, y consiste en tender los hilos de dos
palos cruzados é ir formando la trama con el rhocliopaxfli
por medio de golpecitos. Hacían también esteras
de juncos , dándoles primorosas labores de grecas,
que embellecían con colores vivos y bien combinados.
Justos trabajos de la mujer nahoa nos traen naturalmente
á indagar los trajes y tocados que usaban. En
las tribus que encontraron los españoles, ya muy degeneradas,
generalmente los hombres no usaban vestido,
pero las mujeres siempre recataban su cuerpo , aun
cuando fuese de la cintura abajo. Sin embargo, encontraron
tribus vestidas, que nos dan á conocer los
antiguos trajes. Los pimas ú oofoma , que es su
verdadero nombre en su lengua , andaban decentemente
vestidos de píeles muy .bien curtidas y excelentes mantas
de algodón , pintadas de encarnado y amarillo. Aquí hombres usaban canutillos en el taladro de la nariz.
Las mujeres usaban collares , ya de las bellísimas
conchas azules de abulón , ya de caracoles , piedrecillas
y turquesas. Aquí es ocasión de manifestar que el
verdadero chalchilmifl, nombre que después se extendió
á todas las piedras finas, era la turquesa. Extraían las
turquesas de unos montes del Nuevo México, llamados
ahora Los Berrillos, y también se encontraban en las
inmediaciones del Colorado. En las ruinas se han
hallado también pendientes, cuentas de collar y un
amuleto de piedra blanca. Igualmente se han encontrado
turquesas y muchos ejemplares de la concha OHvella
liplirafa, á las que quitaban las agujas para hacer
collares. Se ha hallado también un anillo de piedra.
Podemos, pues, decir que los nahoas alcanzaron cierto
adelanto en el traje y en el adorno de su persona ; pero
observemos que no se encuentran en ellos huellas del
maxtli, que era la faja ó cinta que les caía de la
cintura por delante hasta la altura de las rodillas.
Los nahoas no conocieron la educación pública:
adiestrábase el niño del pobre en las labores del campo
ó en los trabajos de la industria de su padre; el del
guerrero aprendía el uso del arco y de la macana.



 Veamos ahora los productos que del maguey sacaban
los nahoas y de cuántas maneras lo utilizaban.
Debemos advertir que al bajar del Norte encontraron
los nahoas el maguey en la parte meridional del Chicomoztoc
, de manera que lo explotaron en el último
período de su civilización.
El uso más importante del maguey era el de las
fibras que extraían de las pencas, lo que les producía
el ixtli ó pita. Para obtener ese filamento recogían
las pencas ya secas y las echaban en agua á fin de que se destruyese la parte carnosa y recogían entonces las
fibras. Según las clases de maguey, empleaban el
filamento grueso, llamado lechuguilla, en hacer cordajes,
sogas, cactli , que eran una especie de sandalias que
usaban los indios, chimallí ó escudos, hondas é ixhuipilli
ó sayos de defensa para los guerreros: de la clase
fina de filamento tejian mantas y telas para vestirse;
de estos filamentos había algunos más finos, y los
misioneros mencionan como tales los usados en las telas
de la región tolteca.Cuando acababan de florecer los xiHi del maguey,
les servían de vigas para sus xacalli y las pencas ú
hojas las empleaban como tejas. Estos techos tenían la
ventaja de ser de muy difícil combustión y no estaban
expuestos á incendios ; pero los desperdicios de las
hojas pequeñas sí son perfectamente combustibles y
les servían como leña. Las cenizas de las pencas las
empleaban de dos maneras : para abonar la tierra y para
hacer una excelente lejía
, y además una cierta parte
de las raíces servía de jabón para lavar la ropa. Como
las hojas son acanaladas, las utilizaban en varios usos
domésticos, guardando en ellas el maíz molido ú otras
sustancias. Más tarde, pues no nos consta que lo
hicieran en la época nahoa, de la epidermis de las hojas
sacaban un papel blanco, compacto, sedoso y duradero
en que pintaban sus jeroglíficos. Igualmente hicieron
después sobre estas pencas sus mosaicos de pluma los
artífices llamados amanteca; finalmente, las púas
terminales de las pencas les servían de alfileres y
agujas para coser.


Encontramos, sin embargo, una ceremonia que los misioneros
llaman prohijación, y que semeja las costumbres
de la caballería. Para armar á un joven le daban un
arco, y el que lo recibía debía salir luego á estrenarlo
con algún hecho particular, ordinariamente el de matar
un tigre ó cualquiera otra de las fieras que en aquella
región abundan. Los ópatas, además, dirigían ceremo encontramos una nueva industria: la curtiduría de pieles.
Vestíanse, pues, los hombres con túnicas hasta la
rodilla , de pieles ó algodón , y usaban mantas. Las
mujeres usaban la camisa ó hvipil de algodón, y lo
mismo la enagua ó cucijetl que les bajaba hasta el
tobillo. Hacían sus tejidos y trajes de labores diversas
y de diferentes colores, usando las grecas y otros
adornos muy vistosos. También se han encontrado
mantas , bandas y vestidos de un ixtlí finísimo , que
difiere del hilo que dan el maguey común y la lechuguilla.
Hombres y mujeres usaban el cabello largo; los
primeros adornaban su cabeza con plumas de colores,
y las segundas se trenzaban el pelo haciendo con las
trenzas diferentes combinaciones de tocado; siendo el
más común la malácatl, que consiste en rodear la
cabeza con las trenzas, atándolas en la parte superior
de la frente. Por adorno ya se ha dicho que los ceremoniosas
exhortaciones al neófito y lo sujetaban á una
prueba dolorosa. "El padrino le pasaba por el cuerpo
desnudo una garra de águila con tal fuerza que las
uñas le hacían sangre. La menor muestra del dolor del
ahijado era bastante para que no se le recibiese guerrero.
El último recibido tenía que velar el campo en la
noche sin que se le permitiese acercarse á la lumbre ni
en el rigor de los fríos. Para que pudiese tomar
parte en los juegos se introducía al joven un palo
hasta la garganta y con esta ceremonia adquiría el
derecho de jugar al patoli, en el cual pasaban los días
enteros de sol á sol. Corresponde este juego al de los
naipes ó dados, y en lugar de ellos usan cuatro cañitas
cortas rayadas, menores de un geme, y en ellas tienen
unas figurillas ó puntos que dan la ganancia ó pérdida.
El modo de jugarlas es, porque todavía lo usan algunas
tribus, arrojarlas sobre una piedra para que salten y
caigan los puntos á la ventura, y cada uno va rayando
en la tierra los puntos que saca, hasta que se llega al
número de la apuesta, ganando el que los ha alcanzado
primero. Las apuestas generalmente eran de sartas de
cuentas ó de conchas, y entre los de -la casta guerrera
de arcos y de flechas. Tenían otro juego llamado del polo, y que les
servía de ejercicio para la guerra. .Tuntábanse para él
doscientos indios 6 más , y para él se desafiaban pueblos
enteros. Dividíanse los contendientes en dos bandos;
cada uno llevaba su palillo redondo y grueso, de
madera pesada, de un geme de largo y cavado en medio,
de suerte que caído en tierra pueda entrar debajo de él la punta del pié descalzo, como lo tenían para botarlo.
Los dos bandos arrojaban á un tiempo su palillo en
tierra, y desde el punto en que salían los empezaban á
botar con el pié, pues es ley del juego que no se ha de
tocar el palo con la mano. Se podían ayudar de una
varilla para colocárselo sobre el empeine , y mientras
uno lo cogía para arrojarlo , los otros compañeros se
adelantaban adonde debía caer para proseguir con los
botes al término señalado. De alií volvían botando el
palo al lugar de donde salieron , y la cuadrilla que
tornaba primero al punto de partida ganaba la apuesta,
líecorrían en este juego largas distancias de tres ó
más leguas , con lo que se hacían muy ligeros para
las guerras. Al terminarlo estaban los contendientes
sudando mucho , y para refrescarse acostumbraban arrojarse
al río.


Usaron también el juego de la pelota: era ésta de
hule , muy grande y fuerte. Jugaban en una plaza
limpia, barrida y llana, llamada latei. Colocábanse en
dos cuadrillas, de ocho á diez hombres cada una, á los
dos extremos de la plaza y se estaban arrojando la
pelota de cuadrilla á cuadrilla. Era ley del juego no
tocar la pelota con la mano, y el que lo hacía perdía
raya , pues sólo se botaba con el hombro ó con el
cuadril desnudo. La aventaban así con tal fuerza que
muchas veces no la podían alcanzar los contraríos;
otras , cuando la pelota iba saltando por el suelo , se
tendían y arrastraban con gran ligereza para botarla
con el cuadril. Cuando lograban arrojarla fuera del
término de la cuadrilla contraria, de modo que ésta ya
no podía devolverla, el juego estaba ganado. Entonces
los contendientes , acalorados y sudando , se arrojaban
al río.


De esta manera los nahoas unían á sus juegos la
higiene, el desarrollo del cuerpo por ejercicios gimnásticos
, y los convertían en instrucción de la juventud
para prepararse á los trabajos de la guerra. A igual
fin encaminaban una de sus distracciones favoritas : las
cacerías.
Debemos distinguir las cacerías particulares , en
que iba un indio por entretenimiento ó para buscar
carne conque alimentarse ó pieles, pues los nahoas no
tenían ganados domésticos. Los muchachos se ejercitaban
particularmente en la caza de tórtolas y codornices.
Los hombres preferían la de venados, jabalíes, liebres
y conejos, pues si á veces mataban tigres, leopardos,
lobos y zorras , era más bien por el interés de sus
pieles. Hacían la caza con flecha. Tenían la costumbre,
cuando cazaban un venado , de cocerlo entero , lo que
era motivo de invitaciones á los amigos y de banquetes.
Lo cocían por un procedimiento que todavía se usa y
que llaman barbacoa. Consiste en hacer un grande hoyo
en la tierra, en el cual se pone un fondo de piedras
sueltas y lumbre, hasta que las piedras se ven rojas;
entonces se coloca sobre ellas una capa de pencas de
maguey y encima el venado que va á cocinarse ; éste
se cubre con otra capa de pencas y después se cierra
el hoyo con tierra y se deja así toda la noche. La
carne toma de esta manera un cocimiento delicadísimo.
Servíales también la caza para adiestrarse en el
manejo del arco y aligerarlos para la guerra; pero para
este objeto emprendían especialmente las cacerías generales
, á las que convocaban á un pueblo entero ó á
varios. Hacían esa caza general rodeando un bosque
espeso, y si era tiempo en que la maleza está seca, le
pegaban fuego por todas partes , cercándola con sus
arcos y flechas en las manos. El fuego obligaba á salir
del monte toda la caza terrestre y volátil, y hasta las
serpientes y culebras , no escapándose nada de sus
flechas. Si algún animal se escapaba herido, como no
tenían perros para rastrearlo , esperaban al día siguiente
y observaban á lo alto por donde revoloteaban los
zopilotes, que son aves como auras que se alimentan
de carnes muertas , y eso les servía de guía para
encontrar la caza.
Buscaban también en los bosques para alimentarse
un lagarto pequeño que llaman iguana y que se cría en
las concavidades de los árboles y en el agua. Las
cazaban con mucho tiento con la mano para evitar sus
mordeduras, y al efecto, al cogerlas, les rompían luego
la quijada. Tomaban también en los bosques colmenas
silvestres de unas abejas pequeñas que no hacen cera,
pero sí sabrosísima miel. Estos panales , redondos y de
dos tercias de alto, los arman las abejas en una rama
de árbol de donde quedan colgando. Buscábanlos los
indios en la primavera, que es cuando se hallan, y para
ello se ponían á esperar cerca de un charco de agua la
llegada de las abejitas, y al punto en que se iban las
seguían á la carrera y con la vista al vuelo hasta encontrar
la colmena. Esto nos da idea de cómo ejercitaban
su agilidad y su vista. Tenían además aquellos pueblos
otro alimento en el monte en cierta época del año,
cuando se producen las tunas : todavía hoy , pueblos
enteros, especialmente en el rumbo de San Luis Potosí,
dejan en esa época sus casas y quehaceres y se van á
tunear toda la temporada.

No hay comentarios :

Publicar un comentario

DEJA TU COMENTARIOS CON TUS DUDAS Y SUGERENCIAS,ASI COMO TAMBIEN UN PEDIDO EN PARTICULAR.
TAMBIEN PUEDES TU CORREO ELECTRONICO PARA UNA RESPUESTA MAS RAPIDA.