Las dos muertes de Sócrates - Ignacio García-Valiño

Con ayuda de Aristófanes y de sus amigos sofistas, Aspasia, la esposa de Pericles, lucha por el derecho de la mujer a participar en la naciente democracia. Cuando Sócrates es condenado a beber la cicuta, Aspasia pide a un sofista que escriba su epitafio, involucrándolo con ello en la investigación de uno de los juicios más oscuros de la historia.

Sin embargo, el inesperado descubrimiento en un burdel del cadáver del principal acusador de Sócrates imprimirá un nuevo sesgo a las investigaciones. La violación de Neóbula -la hetaira más deseada de La Milesia, el prostíbulo más lujoso de la Atenas, y una de las mujeres más influyentes de su época- por el rico y poderoso Anito, desencadena terribles acontecimientos en los que se verán envueltos Sócrates, Platón, Alcibiades y otros muchos personajes de la Atenas del siglo V a.C.

Cuando Anito aparece asesinado, el encargado de resolver el crimen será Pródico de Ceos, un sofista que se servirá de sus conocimientos filosóficos para desentrañar el misterio que rodea la muerte.


| PDF |

http://www.ziddu.com/download/14402995/LasdosmuertesdeScrates-IgnacioGarca-Valino.pdf.html

ARGENTINA

Montoneros, la soberbia armada



En el Libro Montoneros. La soberbia armada, su autor Pablo Giussani ofrece una mirada que revela la compleja y sorprendente confluencia de la filosofía peronista de la conducción política, con la mitología de la violencia que recorrió Latinoamérica en años pasados. Enciende la polémica al sostener: Han muerto o desaparecido muchos montoneros como resultado de una represión cuya metodología fue de algún modo delineada por el propio Perón, cuando éste autorizo en 1973 la utilización de de cualquier medio para poner fin a la infiltración de izquierda en su movimiento.


A través de un cuidadoso y profundo análisis de la cultura montonera, Giussani examina la historia de nuestro passado reciente a partir de su propia historia. Así, logra revelar matices y elementos ignorados, muy distintos de la versión que solían procurar de sí mismos los protagonistas.

http://www.ziddu.com/download/14403115/Montoneros_la_soberbia_armada.pdf.html

NEGOCIOS

LOS SECRETOS DE LA MENTE MILLONARIA






Todos tenemos un patrón personal del dinero arraigado en nuestro subconsciente, y es este patrón, más que cualquier otra cosa, lo que determinará nuestra vida financiera. Puedes saberlo todo sobre mercadotecnia, ventas, negociaciones, acciones, propiedad inmobiliaria y finanzas en general, pero si tu patrón del dinero no está programado para el éxito nunca tendrás mucho dinero; y si, de algún modo lo consigues, ¡lo perderás con gran facilidad!.
     La buena noticia es que ahora, aplicando las sencillas instrucciones contenidas en este libro, puedes programar de nuevo tu patrón del dinero para que te lleve al éxito económico de una forma natural y automática. ¡Los resultados te sorprenderán!.
     Comprometerse es parte fundamental del proceso de crear abundancia, aquellas personas que solo “intentan” hacer dinero tarde o temprano se rinden. Sin embargo quienes ganan mucho dinero son aquellos que en un momento determinado de su vida dijeron:   “Hoy me comprometo”


http://www.mediafire.com/?jm2umibemnj





-------------------------------------------------------------------------


Las Claves para Construir -Una Solida Reputacion en tu Nicho de Mercado


Uno de los aspectos cruciales en los negocios por internet se centra, en la capacidad que uno tenga de poder establecer una verdadera reputación que consiga mantener un índice de credibilidad suficiente, para vencer la barrera de la desconfianza, que todo comprador tiene y más en un medio tan "frío" como es la red.


LINK DE DESCARGA :

http://www.ziddu.com/download/14414026/Mercado.pdf.html



Códice Mendocino.



Deriva su nombre de don Antonio de Mendoza, primer virey de México, que lo
mandó hacer para enviarlo á Carlos V. Hecho poco
después de la Conquista, está pintado en papel europeo;
pero sus autores eran peritos en su arte, pues las
figuras tienen todo el carácter de los jeroglíficos
antiguos. No sabemos acertivaraente si es obra original
de los indios instruidos que al efecto comisionó Mendoza,
ó copia de diversas pinturas antiguas que se coligieron
en este códice. Esta parece ser la opinión del señor
Ramírez, porque el autor le llama copiante. En la
publicación de Purchas se da á entender que son
pintunis originales, pues se dice que no sin gran trabajo
sacó el Virey de manos do, los indígenas la Historia
con su interpretación en lengua mexicana , la que hizo
traducir al español. El señor Orozco, al decir que la
colección fué formada por indígenas entendidos , parece
inclinado á creer, que si bien no son las pinturas
anteriores á la Conquista, fueron hechas por historiógrafos
del antiguo imperio mexicano y son originales
de ellos. Nosotros creemos que son copia perfecta de
varios jeroglíficos antiguos, que se unieron en colección
para formar un cuerpo completo de la historia de los
mexicanos. 

Esto fué lo que quiso enviar á Carlos V el
virey Mendoza y esto lo que encargó á algunos indios
de los más inteligentes que habían sobrevivido al
derrumbamiento del señorío de Moteczuma. Hay un
dato importantísimo para creerlo: la segunda parte del
códice es una copia con ligeras variantes del libro de
tributos que original existe en el Museo. De todas
maneras debemos considerar estas pinturas como copia
auténtica, y pudiéramos decir oficial, y por lo tanto
como un documento importantísimo para nuestra Historia.
Formada la colección y escrita la interpretación de
ella, fué desde luego mandada por el virey al emperador,
probablemente en el año de 1549, en la flota que zarpó
de la Veracruz. Pero el navio que la llevaba fué apresado
por un corsario francés y las pinturas fueron á parar
á poder de Andrés Thevet, geógrafo del rey de Francia.
Debió adquirirlas en 1553, fecha que agrega á su
nombre al fin de la interpretación, habiendo puesto
antes en la primera pintura: A. Thevet CosmograpJie
d'U Roy. A la muerte de Thevet, sus herederos
vendieron el códice á Ricardo Hakhuyt, capellán de la
embajada inglesa en París en 1584. Más tarde, 1625-26,
se publicó en Londres en la obra de Samuel Purchas,
intitulada Pilgrimes. Tomando las estampas de esta
obra, hizo también edición, aunque defectuosa, Thevenot
en 1696, poniendo en francés la interpretación. En
1652 había publicado en Roma algunas láminas el
padre Kircher, en su obra (Edipus. 


El códice pasó á la Biblioteca Bodleiana, y lo insertó íntegro y con colores en
su colección lord Kingsborough. Con colores también está
haciendo una edición reducida el Museo en sus anales.
Hemos dicho ya que el Museo posee un original en
papel de maguey de la Matrícula de tributos , semejante
á la segunda parte del códice Mendocino, conteniendo
además la pintura de las dos últimas láminas de la
primera parte, lo que confirma que el códice es una
copia de originales mexicanos. Esta matrícula perteneció
á Boturini, y pasó en 1743 á la Secretaría del Vireinato.
En 1770 la publicó en México el arzobispo Lorenzana,
acompañándola á las Cartas de Cortés : la edición es de
treinta y una láminas, que corresponden á las diez y seis
hojas del original que están pintadas por ambos lados.
Según Clavigero, las pinturas del códice son sesenta
y tres, pero en la cuenta que de ellas hace salen cincuenta
y tres solamente. En la edición de Thevenot
faltan las pinturas XXI y XXH, y la mayor parte de
las ciudades tributarias. En Kingsborough son setenta
y tres. Entre éstas y las de Purchas hay diferencias,
no solamente en el dibujo, sino también en el orden.
Describiremos el códice tal como está en Kingsborough,
y creemos que lo dicho basta para comprender
su importancia, y podemos agregar su autenticidad,
como colección de pinturas mandada formar por el
primer virey para enviarla al emperador Carlos V.
El códice se compone de tres partes: la primera
contiene los anales del señorío de México, desde la
fundación de la ciudad , llevando la cuenta de años , año
por año , marcados en una faja azul que corre de arriba
abajo por la izquierda, y que cuando es necesario sigue
por debajo y sube por la derecha. Esta primera parte
se compone de diez y ocho láminas: arriba de la primera
dice en letra de la época: número de años; y al fin de
la última , se lee de la misma letra : Jin de la 'partida
frimera de esta ystoria. No se pueden llamar completos
estos anales, porque se reducen á marcar el
periodo de cada reinado y los pueblos que durante
él conquistaron los mexicanos, sin entrar en otras
particularidades ú otros hechos notables de la historia;
pero son importantísimos, ya por lo bien determinado
de su cronología, ya porque nos dan á conocer con
precisión las guerras y el creciente progreso del señorío
de México. Es de advertir que concluyen con el reinado
de Moteczuma, pero no abrazan la Conquista.
La segunda parte es el libro de tributos y tiene
treinta y nueve láminas. Esta es muy interesante, no sólo
porque nos presenta la gran extensión del poderío de
México y la multitud de pueblos lejanísimos adonde llevó
sus armas victoriosas y á los cuales sujetó al pago
de tributos, sino que expresados éstos claramente en
su cantidad y calidad, forman una estadística completa
de los productos é industria de aquellos pueblos y
aquellos tiempos, poniendo de manifiesto el riquísimo
contingente que traían las ciudades tributarias, ya en
maíz, frijoles y bledos, ya en lujosas mantas, vestimentas
y armas de guerra, en águilas vivas y plumas
de quetzal, en turquesas y oro en barras ó en polvo,
y en cuanto el trabajo del hombre ó la prodigalidad de
la Naturaleza producían en estas vastas regiones.
La tercera parte tiene quince láminas, advirtiendo
que en la última se comprenden las pinturas números
setenta y dos y setenta y tres. Esta parte es la más
importante , porque nos presenta minuciosamente las
costumbres de los antiguos mexicanos. 


Comienza por el nacimiento de un niño y las ceremonias que entonces
se hacían ; sigue en varias láminas la educación de los
niños desde la edad de tres hasta la de quince años,
y se ocupa después de los matrimonios y sus ritos.
A continuación está representada la educación de los
mancebos en los colegios de los templos, y su instrucción
en el ejército. Siguen los guerreros, sus armas,
sus triunfos, grados y premios; los oficiales civiles,
embajadores y mercaderes; los tribunales y manera de
hacer justicia. Están después los diversos oficios é
industrias, como los de carpitero, lapidario, pintor,
guarnecedor de plumas y platero , y las fiestas y juegos
que usaban. Al fin vienen los gi-andes delitos y las
terribles penas conque se castigaban. Y de esta manera
en diez y seis pinturas únicamente tenemos toda la vida
social y doméstica de aquella gran nación. Con justicia
se considera este códice como una de las fuentes principales
de nuestra historia.


INICIOS DE LA COLONIA

DE LOS CRONISTAS E HISTORIADORES

Todavía en los primeros
escritores de la época colonial vamos á encontrar
elementos auténticos de los antiguos indios : algunos
cronistas guiaron su relato por jeroglíficos, que no se
limitaban á interpretar, sino que les servían solamente
de base de sus narraciones ; pero , contemporáneos de la
Conquista, habían oído de viva voz á los vencidos las
tradiciones de su historia. Otros, sin valerse del
auxilio de las pinturas, trasladaron simplemente en sus
escritos aquellas tradiciones: y recordemos, que por la
insuficiencia de la escritura jeroglífica, acostumbraron
siempre los mexicanos conservar en la memoria los
hechos gloriosos de su raza, que en relaciones y
cantares enseñaban á sus hijos para que no cayesen en
olvido. Sin duda las primeras obras de los cronistas
adolecieron de la vaguedad natural que se siente al
exponer ideas nuevas y poco antes desconocidas. No
eran ni podían ser trabajos completos, porque cada uno
escribía lo que lograba saber. Muertos, peleando por la
patria, los importantes personajes del pueblo vencido,
pocos quedaban que supiesen los secretos de su historia,
y de éstos la mayor parte no se prestaba á revelarlos.
Los mismos cronistas ocultaban algo de lo que llegaron
á conocer, especialmente si tenía relación con los dioses
y el calendario, por temor de despertar la mal dormida
idolatría. Y fué parte también para la confusión de sus
escritos, el querer desde un principio concordar las
creencias de los indios y sus tradiciones con el relato
bíblico: idea muy natural en la época, y que debe
tenerse en cuenta al leer las crónicas, para descartar
las falsas apreciaciones de ella nacidas. Pero cualesquiera
que sean sus defectos, no puede negarse que
constituyen un material preciosísimo, en el cual, escogiendo
con discreción y lógica, se encuentran abundantes
tesoros históricos. Demos, pues, cuenta de las
principales crónicas y de su importancia, examinando
imparcialmente la obra de nuestros historiadores.


RESUMEN

la historia antigua de todos los pueblos tiene no sabemos
qué atractivo misterioso, que sorprende la inteligencia
y despierta con la curiosidad y el interés
los más profundos pensamientos', mayor es aún
cuando se refiere á las razas primitivas de América;
acaso porque el mundo que se llama viejo ignoró por
muchos siglos la existencia de la portentosa civilización
que por tan dilatado espacio se le ocultó tras
de mares inmensos y tras de montañas que con sus
frentes de nieve tocan al firmamento.

Lo cierto es que los descubrimientos de Colón y las conquistas de
Cortés presentaron á la humanidad una nueva fase
de su existencia, un período ignorado de su vida múltiple
, que debió sorprenderla , y que habría sido pasmo
del mundo, si en aquella sazón no hubiesen estado las
sociedades en la lucha natural de su desenvolvimiento
para sacudir la edad férrea llamada media y entrar
en el renacimiento de la inteligencia, que á un mismo
tiempo brotaba de las prensas de Guttemberg, de la
paleta de Rafael Sancio, del cincel de Miguel Ángel y
de las prédicas de Savonarola. Tal vez pensóse más
por entonces en el poder que daba la conquista que
en el estudio de los misterios del espíritu humano;
valió más el oro que se rescataba que el jeroglífico
que se arrojaba al fuego ; destruyéronse pirámides
y monumentos para levantar claustros y catedrales;
y lo que la guerra no pudo destruir, encargáronse de
exterminarlo el hambre y la peste, siendo tanta la
desolación, que con poética y sentida frase dijo un
venerando fraile y cronista, que no hubo choza á que
no tocara su parte de dolor y llanto.
Pareció por un momento que aquella vieja civilización
iba á desaparecer sin dejar rastro ni huella,
pues á todas las causas de destrucción se unían las ideas
de la época, que por obra del demonio tenían, ya no
sólo la religión de los indios y sus ídolos, sino sus
palacios y jeroglíficos históricos, sus preciosas tradiciones
y sus admirables leyendas.
Salváronse, sin embargo, las razas, protegidas
primero por los muros inexpugnables de las montañas,
después bajo el hábito de amor y caridad de los misioneros,
más tarde el amparo de las leyes protectoras de
los monarcas de Kspaña; y con las razas salváronse
el tipo y la lengua, esas dos cifras preciosas en la
ciencia de la humanidad. Sirvieron los bosques de
baluarte á los monumentos más admirables, y la tierra,
como madre amorosa, ocultó con su polvo inscripciones,
ídolos y jeroglíficos. Los frailes consultaron las tradiciones
, aprendieron los cantares y las arengas , se dieron
razón de las viejas costumbres, y todo lo trasladaron
á crónicas, que en su mayor parte no han visto la luz
sino hasta nuestros días. Pero nuestra historia antigua
se había salvado; y lo que en el olvido pudo perecer,
hoy acaso va á levantarse á nuestras manos, que si
guiadas más por la audacia que por el saber, muévense
también al resorte del amor de la patria , que abraza el
deseo de conservar los viejos recuerdos y las añejas
hazañas, como en el salón condal del castillo almenado
se guardan los retratos de todos sus señores, la espada
de combate del conquistador y el laúd de la castellana.
Para emprender tan ardua empresa existen elementos,
y á dar razón de ellos nos creemos obligados,
pues la veracidad de una historia depende de las fuentes
de donde se ha tomado, así como el caudal y hermosura
de un río de la abundancia y claridad de sus manantiales.
Bajo este aspecto, nuestra historia antigua es
más digna de fe que la de la mayor parte de los pueblos
primitivos del viejo mundo. En éstos la leyenda es la
única guía de los primeros tiempos ; y sea porque, ricos
de imaginación, multiplicaron sus fábulas de manera
exagerada , sea porque , buscando en su orgullo orígenes
muy remotos, sustitu)'eron á la realidad la ficción, es lo
cierto que tenemos datos más preciosos de nuestros
antiguos pueblos , y que no es exageración decir que en
esto es superior nuestra historia á la misma historia
de Grecia.
Es verdad que no se puede conservar de modo
perfecto y absoluto la historia, si no se consigna por
escrito; y sabido es que nuestros primeros pueblos no
tuvieron escritura propiamente dicha, sino que de la
jeroglífica se valían; pero si sus signos gráficos servían
solamente para conservar el recuerdo y la fecha de los
sucesos, los ayudaban con la tradición de los pormenores
que oralmente se enseñaba, pues siempre se cuidó en
las escuelas de los templos de instruir en ellos á la
juventud, á fin de guardar viva la historia qne de
generación en generación iba pasando.

La pintura jeroglífica en lo general venía á reducirse
á análisis ó efemérides. Consignaban con claridad
los años y su sucesión ; de modo que tenían una cronología
perfecta, base muy principal para la precisión de
la historia. Al lado del año correspondiente colocaban
el hecho ó acontecimiento que querían consignar, uniendo
así á la cronología la relación de los sucesos históricos.
Jeroglifico cronológico. —Reinado de Moteczuma
y usando en sus pinturas de caracteres figurativos,
simbólicos, ideográficos y aun fonéticos, que daban idea
Jeroglifico simbólico. —Terremoto
bastante completa de lo que querían expresar. Así
consignaron la exaltación de sus reyes y su muerte, sus
Podre Nuestro en jeroglífico
batallas y conquistas, las pestes, terremotos, eclipses
y apariciones de cometas, hambres, nieves y calamidades,
todo con sus fechas precisas. Y no solamente
estos datos, ya de por sí tan interesantes, pudieron dejarnos
en sus jeroglíficos. En ellos pintaron también
sus peregrinaciones y teofanías, formaron con ellos
cartas geográficas para expresar la extensión de los
Jeroglifico figurativo, — Predicación del Evangelio
reinos y la división de sus jurisdicciones ; daban cuenta
de los tributos y de los diversos pueblos que los pagaban,
ya al señor, ya al templo, y en qué objetos
consistían en cada pueblo; pintaron sus costumbres, ya
familiares, ya guerreras, j'a sociales; el culto, los
sacrificios y los sacerdotes; las jerarquías militares y
los funcionarios públicos ; la educación de la niñez , sus
matrimonios y sus funerales; sus diversas artes y
oficios; sus diversiones y fiestas, sus bailes y combates;
las suntuosas ceremonias religiosas; sus rituales y sus
diversos dioses; la cuenta del tiempo, tan admirable
entre ellos; conservando así sus estudios astronómicos
y cronológicos, que tanto sorprenden el ánimo, y representando
también de maravillosa manera su maravillosa
cosmogonía.
Llegaron los mexicanos á habituarse tanto con la
escritura jeroglífica y á expresar tan bien con ella todos
sus sucesos y todas sus ideas, que aún después de la
Conquista, y cuando ya podían valerse de la escritura
alfabética, siguieron utilizando aquélla. Así con signos
figurativos ó usando de semejanzas fonéticas, escribieron
las oraciones que los primeros frailes les enseñaron,
buscando de esta manera un medio mnemónico de
conservarlas. Continuaron en sus mismos jeroglíficos
la historia de sus pueblos y de sus señores hasta mucho
después de la Conquista.

Pintaron esta misma Conquista
Fracmento de los títulos del pueblo de Mazatepec
según su método gráfico, siendo la pintura más famosa
la conocida con el nombre de lienzo de Tlaxcalla. Fué
de nuestra propiedad otro gran lienzo en que consignaron
las diversas conquistas espirituales de los frailes
franciscos, como en aquél lo habían hecho con las
hazañas de los guerreros. Ya durante la época colonial
consignaron en pinturas, ya el nombramiento de autoridades,
como el gobernador, alcaldes y regidores, ya
los tributos que entonces se pagaban , ya el proceso de
las visitas de los delegados españoles. Siguieron conservando
en jeroglíficos la genealogía de las familias; y
hemos poseído uno que traía la descendencia de un
cacique hasta cerca del fin del siglo pasado. No se
contentaron los pueblos de indios con que sus títulos se
escribiesen con letras, ya en español, ya en mexicano;
sino que siempre los hicieron constar con sus
pinturas jeroglíficas: y muchas veces estas pinturas han
servido de piezas decisivas de proceso en los tribunales.
Pudieron, pues, nuestros antiguos pueblos dejamos
en sus jeroglíficos, no solamente la historia de sus
hechos , sino la de sus costumbres públicas y privadas,
sus ideas religiosas, sus conocimientos astronómicos, su
cronologfia y sus supersticiones, su organización política,
y, en una palabra, el conjunto de su civilización. Por lo
mismo, la primera fuente de nuestra historia antigua
son los jeroglíficos como obra de aquellos mismos
pneblos.
Mas desde luego se presentan dos dificultades:
¿existe número suficiente de jeroglíficos para formar la
historia? ¿pueden interpretarse debidamente esos jeroglíficos?
Contestaremos primeramente á la segunda
pregunta.

En la misma época de los indios no todos sabían
leer las pinturas; hacíase en los templos la enseñanza
especial de esta ciencia, y de algunos símbolos solamente
tenían conocimiento los sacerdotes. Fué cosa
natural , por lo mismo, que al perecer en las guerras de
la Conquista esos sacerdotes, los grandes guen-eros y
los magistrados, cayese en olvido el conocimiento de esa
lectura; y ya desde los primeros años de la colonia,
vemos que los cronistas tenían dificultad para encontrar
intérpretes que les explicasen los jeroglíficos. El nuevo
orden de ideas y la nueva educación fueron haciendo
que más y más se olvidase esa ciencia. Llegó á tenerse
por perdida la lectura de las pinturas indias, por más
que algunas veces no faltó quien la emprendiese
fingiendo claves inútiles, como la imaginaria de Borunda.
Al fin un estudio asiduo, una comparación incesante
y profundas meditaciones , hicieron que el señor don José
Femando Ramírez, fundador de la manera de historiar
que hoy seguimos, encontrase el primero el modo de
leer los jeroglíficos fonéticos y figurativos. Consultando
cuantas pinturas pudo haber á las manos, ya en México,
ya en los diversos museos de Europa, llegó á formar
una gran colección de pequeñas tarjetas , cada una con
un jeroglífico y su interpretación, que constituía en
realidad un precioso diccionario. Su orden, división y
clasificación venían á dar además algunas reglas generales
para interpretarlos. El señor don Manuel Orozco,
utilizando esos materiales, fijó varias de esas reglas,
explicó muchas figuras é hizo un ensayo de diccionario
explicativo de los principales signos figurativos, fonéticos
é ideográficos. Nosotros nos atrevimos á dar una regla
general para interpretar los fonéticos, diciendo que los
jeroglíficos se leen de la misma manera que se forman
las palabras compuestas en mexicano. Y llevamos
nuestra audacia hasta estudiar la lectura de mucho
mayor número de signos figurativos é ideográficos,
emprendiendo la de los simbólicos. Acaso el estudio de
muchos años, puede darnos la esperanza de no habernos
equivocado.

La primera pregunta que vamos ahora á contestar,
sobre si existen jeroglíficos suficientes para escribir la
historia, es muy natural é importante, pues bien sabido
es que perecieron los grandes arcliivos de pinturas que
tenían los indios, y aun há poco se ha suscitado una
calurosa polémica sobre si el principal culpable de esa
destrucción fué el obispo Zumárraga, á quien se lia
llamado el Ornar de Occidente. Para poder resolver
la contienda debemos tomar en cuenta diversas clases de
destrucción. Primeramente las que hubo antes de la
Conquista, porque era costumbre en las guerras, al
tomar un pueblo por la fuerza, incendiar su templo,
con el cual perecían naturalmente los archivos de pinturas;
y 3'a se comprenderá cuántos perecían en las
incesantes luchas que tenían los pueblos unos con otros.
En segundo lugar debemos tomar en consideración las
guerras y los incendios de templos durante la Conquista;
y no solamente por los mismos conquistadores , sino por
los numerosos indios que los acompañaban, los cuales,
siguiendo sus inveteradas costumbres, quemaban naturalmente
los archivos y templos de los vencidos.

Poco quedó sin duda después de tan grandes destrucciones,
y entonces se presentó como causa lógica para continuarlas,
el celo religioso de los misioneros, que tenían
esas pinturas como obra del demonio. Y sin embargo,
salvaron no pocas', al mismo tiempo que en sus crónicas
conservaban la historia antigua de los indios. Pues
todavía tenemos que agregar otra causa de destrucción:
nuestro propio abandono. Existieron en tiempos atrás
varios jeroglíficos en las bibliotecas de los conventos,
especialmente en los de San Pedro y San Pablo y San
Francisco y no ha quedado ni rastro de ellos. La
magnífica colección que logró reunir Boturini, y de la
cual fué desposeído, pasó á la Secretaría del Vireinato,
y no existe. Aun de los pocos jeroglíficos del Museo,
algunos se han extraviado: se ignora el paradero del
lienzo de Tlaxcalla y del cuadro de la peregrinación
azteca. Pero á pesar de tantas pérdidas, la suerte ha
querido que se conservasen los suficientes para guardar
la historia, debiéndose en este sentido un señaladísimo
servicio á lord Kingsborough , que en lujosísima
edición publicó la mayor parte de los existentes en los
museos de Europa, y aun algunos poseídos por particulares.
Vamos á dar razón de los que principalmente
pueden ser útiles para escribir la historia. Y debemos
advertir que en cuanto á la relación de los hechos, no
existen jeroglíficos que se refieran á épocas anteriores á
la peregrinación de los aztecas; sin que podamos afirmarlo
respecto de las mayas, pues sus pinturas no son
hasta ahora ininteligibles. Ixtilxóchitl dice que tuvo á la
vista jeroglíficos de la historia tolteca ; Boturini cataloga
uno en su Museo, y M. Aubin pretende tenerlo; pero no
lo conocemos. Veamos aquellos de que podemos disponer.

LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

Hemos escrito la historia del levantamiento del pueblo mexicano contra la dominación española que imperó durante tres siglos en la antigua tierra de Anahuac. Antes
de realizar un propósito , de tiempo atrás concebido, hemos vacilado mucho espantados ante la grandeza de un asunto tanto más elevado cuanto más débiles sentíamos nuestras
fuerzas para tratarlo dignamente; pero los consejos del patriotismo
nos han dado poderoso aliento, y hemos creído que la sinceridad, la buena fe y la firme
intención de rendir culto ferviente á la verdad y á la justicia pudieran
sustituir, quizás con ventaja, á dotes más brillantes, y poniendo al fin manos á la obra sometemos hoy al recto juicio de los hombres peasadoreá y sensatos el trabajo que acometimos con tan extrema desconfianza. No ha sido, por otra parte, pequeño estímulo para
nosotros la convicción de que ninguna época de México independiente y dueño soberano de sus destinos, fué tan favorable como la época actual á la apari(ión de una obra
que, abrazando el vasto conjunto de su historia general, comprenderá, como una de sus partes principales, la historia de la guerra de Independencia. Más de sesenta años han transcurrido desde el término de aquella lucha grandiosa, fecunda en desastres, henchida de lágrimas
y sangre, pródiga en horrores sin cuenta y que azotó á manera de incontrastable tormenta la cuna de nuestros padres; el tiempo ha ejercido su acción ineludible, calmando las pasiones, rectificando equivocados juicios, desvaneciendo más y más cada día los odios y los rencores
engendrados por la lucha, y la historia de la guerra de Independencia , que escrita hace veinte años hubiera degenerado en amarga diatriba, puede y debe escribirse hoy desde un punto de vista sereno y tranquilo con las condiciones que exige su misióu augusta. Separados
por toda una generación de aquella época memorable, estamos colocados demasiado cerca para aprovechar con holgura las más preciosas fuentes de la historia y demasiado distantes para juzgarla con la elevación de miras digna del asunto y de las dos naciones que combatieron con tanto valor como constancia. La guerra de independencia dividió profundamente una sociedad que de improviso y formando contraste con la quietud de que venía gozando desde remoto tiempo, se vio envuelta en deshecha tempestad y arrebatada por
el huracán revolucionario. Hubieron de modificarse, pues, rápidamente los elementos constitutivos de la sociedad mexicana desde el momento en que aspiraciones,
antes encubiertas con sumo cuidado, ideas apenas emitidas en el seno de la familia, deseos vagamente formulados en sueños que acariciaban las almas generosas, revistieron una forma, adquiíieron súbitamente animación y vigor intensísimo y aparecieron en los campos de
batalla empeñados en lucha tremenda y apercibidos á la victoria ó al sacrificio. El estadio de esa modificación se impone al historiador con fuerza ineludible; necesario es, para que su tarea sea fitil y provechosa, descender al examen de las causas que produjeron en instante determinado el levantamiento del pueblo mexicano proclamando su independencia y dispuesto á romper los múltiples y robustos lazos que le ataban á la metrópoli. Tres siglos de dominación no fueron bastantes á borrar tradiciones que halagaban el justo sentimiento de orgullo nacional en los descendientes de los vencidos.Hay en las nacionalidades que sucumben un elemento
que flota en esos pavorosos naufragios de los imperios y que lentamente va formando la piedra angular sobre la que se alzará algún día la sociedad política, destinada
al parecer, á la muerte y al olvido. Y el dominio de España, tres veces secular, no fué bastante, lo repetimos, á desvanecer el sentimiento de nacionalidad en el pueblo sometido á sus leyes ni á lograr la absoluta asimilación de la colonia á la metrópoli, porque se alzaba entré ellas, siempre enérgico y vivaz, el recuerdo de una patria independiente que había gozado de épocas gloriosas, que había sucumbido con noble heroísmo y cuyos timbres invocaban con secreto orgullo los vastagos de aquel brillante y poderoso pueblo que cayó vencido
en el primer tercio del siglo xvi. La misma solicitud y el constante anhelo desplegado por los monarcas de España á favor de los indios desde la egregia Isabel la Católica , qve á diferencia del rey de las tablas astronómicas no desatiende á la tierra j)or mirar al cielo, sino que atiende simultáneamente al negocio del cielo y á los negocios de la tierra ', hasta aquel Carlos II, flaco de espíritu y enfermizo de cuerpo, que cierra melancólicamente la
sucesión de los Austrias en el trono de dos mundos; ese mismo celo que palpita ardiente y generoso en las leyes dictadas por aquellos soberanos desde el principio de los descubrimientos y que brilla inmortal en las páginas de la Recopilación de Indias, contribuyó
eficazmente á perpetuar una división que más tarde concurriría á aflojar los lazos que ligaban á España con sus colonias del Nuevo Mundo. Esa tutoría á que estuvo sujeta la descendencia de los vencidos, esa sustracción, por decirlo así, de toda una raza, acostumbrándola
á vivir apartada del movimiento general, sibien se inspiró en los más bellos sentimientos de humanidad, fué una desacertada medida política: impidió una asimilación que aconsejaba la prudencia, sembró escollos en que se estrelló siempre la administración colonial y
conservó unido, homogéneo, y por consecuencia fuerte, un temible elemento pronto á obrar en el tiempo oportuno. La liarte de, la población intermedia entre españoles é indios, los mestizos y los criollos, í-azas nuevas y vigorosas en las que se unirán las cualidades y defectos
de las dos razas, la vencedora y la vencida, también quedaron apartadas del movimiento político. Pero ellas sabrán abrirse paso lentamente; pero los individuos de esas razas, mirados siempre con prevención por los dominadores, lograrán penetrar en las filas inferiores
del clero y en los empleos subalternos de la administración, y ellos engrosarán las huestes de la insurrección desde el primer momento, y ellos seguirán prodigando
su sangre y sus esfuerzos en el curso del glorioso levantamiento, que tras once años de épica
contienda alcanzó al fin espléndida y merecida victoria. Más elevados en la escala social y enorgullecidos por la sangre europea que en sus venas circulaba.

EL MAYA

Comencemos por el hombre y tomemos como ejemplar
el maya. Su tipo persistente hasta hoy es
braquicéfalo, de frente ancha y mirada audaz, de pómulos
salientes, erguido y altivo, y conserva é impone todavía su lengua,
 cuyo elemento principal es el monosilabismo.

La mujer maya usa aún su traje antiguo, su
cuéyetl adornado de vistosas labores, su huipilU blanco
y su tocado primitivo. No se parece el indio de raza
maya á los otros de nuestro territorio; se le distingue
y se le conoce inmediatamente al verlo, y conserva
siempre su personalidad etnográfica.
El maya-quiché introdujo en su traje ciertas reformas
y ciertas piezas desconocidas á los nahoas: la mitra
para el sacerdote, el calzón y el maxtli, y adornos
especiales que manifiestan mayor gusto, mayor cultura,
más adelanto. Basta para comprender esto comparar
los relieves del Palemke con las estatuas de los dioses
de los pueblos de procedencia nahoa. Inferiores , y
mucho, á éstos en los trabajos de alfarería, se distinguen
los mayas por el uso de la piedra pulida que
labraban á perfección, por sus artefactos en oro y cobre,
y porque los primeros aprovechan las piedras preciosas
duras como la esmeralda y el cristal de roca. En la
arquitectura no usan el barro ó adobe como los nahoas,
sino piedras admirablemente esculpidas, y al techo de
vigas y terrado sustituyen la bóveda triangular. Y en
vez de constituir su defensa en las construcciones
cerradas de las casas grandes, la hacen levantando sus
edificios sobre terraplenes, y llegan á formar de ellos
.

altas pirámides. Esta es una de las circunstancias más
características de la raza del Sur: el terraplén, el kií,
palabra monosilábica de esa región.
El maya-quiché primitivo se distingue además por
su religión y por su culto; la primera fué la adoración
de los animales, una verdadera zoolatría: el segundo
era fastuoso, y combinado con su arquitectura, produjo
los palacios con relieves é inscripciones. De aquí
nació una escritura especial, la calculeiforme , en un
todo distinta de la jeroglífica nahoa. En fin, sus ritos
funerarios caracterizan á la raza: en vez de la incineración
usa el túmulo y la piedra mortuoria y practica la
momificación de los cadáveres.

Son tan esenciales las diferencias entre las razas
nahoa y maya-quiché que no puede aplicárseles un
origen común: es preciso buscar para la segunda una
nueva procedencia en el Viejo Mundo. Después del
sistema bíblico, mucho se habló de un origen egipcio, y
hoy parece que entra en moda buscar una ascendencia
celta, por cierta semejanza de culto y algún parecido en
diversos utensilios. Nosotros creemos que más valdría
á los escritores que tal tarea han emprendido el
estudiar lo que los celtas recibieron de los iberos que
en Europa los habían precedido, y examinar qué parte
tomaron para su civilización de las edades de piedra
sin pulir y de la piedra pulida, anteriores á su establecimiento.
Así se explicarían mucho de lo que hasta
ahora les es incomprensible, y sabrían al fin quién era
la misteriosa divinidad Theut. Para nuestro intento
basta decir que los celtas trajeron al occidente del
Viejo Mundo el uso del bronce y del hierro, y que su
idioma es de ñexión y de descendencia arya; pues esto
es suficiente para comprender que su civilización no
llegó á nuestro continente.

Pero no puede dudarse de que aquí encontramos
semejanzas notables con el Asia , costumbres que
parecen escitas , la mitra y el calzón , otras que se relacionan
con las egipcias, y de ellas iremos dando cuenta
en su oportunidad: pero al mismo tiempo se observa que
las semejanzas son lejanas; entre la pirámide egipcia y
la maya hay diferencias esenciales: de modo que hay
parecidos , pero no igualdad ; esto acusa un germen
común, mas no una descendencia.

Nosotros nos explicamos el fenómeno etnográfico de
la siguiente manera: con anterioridad á la época en que
bajaron los aryas al Asia central, ó acaso empujada por
ellos, emigró una raza anterior al occidente, y al pasar
por el África dejó en las riberas del Nilo los mismos
gérmenes que trajo á las del Usumacinta: extendióse
después por Europa, dejando como marca de su camino
innumerables túmulos y piedras votivas. En Europa las
muchas inmigraciones posteriores borraron casi sus
huellas; en el Egipto persistieron algunas de sus costumbres
, á pesar de los elementos extraños que recibió
después, y en la región meridional de nuestro territorio

tuvo SU completo desarrollo. Así en el Egipto el túmulo
llegó á ser colosal pirámide , y en su religión persistió
el culto de los animales: sabido es que no há mucho se
ha encontrado la caverna de las momias de los cocodrilos
sagrados, y César Cantú cuenta que hay en la Líbica
largas galerías de muchas leguas de extensión, llenas de
momias de perros, gatos, monos, carneros, ibis, gavilanes
y chacales. Así también vemos gran semejanza
entre los ídolos egipcios y los quichés, pero no son los
mismos ; como la pirámide egipcia no es igual á la maya
ni en su construcción, ni en su forma, ni en su objeto.
Los palacios con inscripciones dan idea de los asiáticos,
como los trajes; pero son, sin embargo, diferentes. Lo
mismo observamos en los ritos y en las costumbres.
Es el mismo germen, desarrollándose de distinta manera
en medios diferentes.
La época de la inmigración del Sur fué la lacustre
en su forma llamada de tcrramaves. Es notable que en
la costa del Brasil y en la de África, que está en frente,
se han encontrado en un todo iguales estos ferramares
ó construcciones en los pantanos; lo que haría pensar
que la unión de los continentes por el África había
El Usumacintu
continuado por mayor tiempo. Lo cierto es que estas
construcciones semilacustres dominan en el origen de la
civilización maya, y ^ue por lo mismo debemos buscar
ese origen en una localidad á propósito : las tradiciones
están conformes en señalarnos la región del Usumacinta.
Hemos dicho que este río fué para nuestra civilización
del Sur lo que el Nilo para los egipcios , pues en
la extensión de sus riberas debía desarrollarse, haciendo
de ellas un verdadero prodigio de producción, el desbordamiento
periódico de sus aguas. Nace el Usumacinta
en los montes del Peten, en Centro América, formándose
de los derrames de la laguna de Panaxachel y de las
filtraciones del lago de los Islotes, se le unen varios
ríos, y entra caudaloso en nuestro territorio. A su
derecha están los lacandones, y á su izquierda todo
Chiapas. Pasa cerca de las famosas ruinas del Palemke,
entra en Tabasco, dejando á su derecha la península
yucateca , y desagua en el golfo de México formando tres
brazos. En toda su extensión conocida es navegable, á
lo menos por canoas.
Hermosísima esta región, de temperatura cálida,
tiene una gran exuberancia de árboles de las más finas
maderas, de aves de riquísimos plumajes, de plantas
variadísimas con flores exquisitas: se produce el caimito
de Xoconochco, el azafrán, las mimosas que dan el
huixáchitl; la raíz de anoda conque se tiñe de negro;
ol ulli, el palo amarillo, la sangre de drago, el liquidámbar,
el algodón, el cacao, la patata de árbol, el
tabaco, la vainilla, el zentule, el guaco, la zarzaparrilla;

fil copalchi, el cedro, la caoba, el bálsamo, el zapotillo,
el granadino, el tepeguaje, etc., etc.; todo en bosques
iaimensos, y á orillas de ríos de abundantes corrientes.
En el valle de Custepeques había oro y cobre; se
recogía el primero en pepitas á inmediaciones de Cliicomuselo
; se conocen fuentes de betún llamado chaptípotl,
y abundan las salinas. Propicia, pues, era la región del
Usumacinta para que en ella se desarrollase una gran
civilización.
.
- Las tradiciones nos presentan desde luego el
nombre de Votan, como el de Zamná en Yucatán.
Debemos ver en Votan más que un ser real , una personificación
de la raza. Los cronistas, siguiendo su
costumbre de ajustar nuestras antigüedades á los relatos
bíblicos, han querido hacer diversos personajes hebreos
de los nombres de los días del calendario chiapaneco, y
suponen que fueron los primeros caudillos de la raza.
Según ellos , el primer poblador fué Mox ó Imos , y se le
representaba con el árbol gigantesco de la seiba; el
segundo fué Tgh, y el tercero Votan, llamado también,
según el obispo Níiñez de la Vega, Tefanognastc , que
quiere decir señor del palo hueco; á éste se le adoraba
como á corazón del pueblo. Es lógico suponer que los
nombres del calendario, que fué impuesto por los
nahoas, se referían á los cuatro astros; así es que solamente
nos ocuparemos de Votan como el civilizador de la
región de Usumacinta, y de Zamná como primer jefe de
los mayas.
En Mox estaba representado el pueblo autóctono;
era la seiba árbol gigantesco y sagrado; lo tenían en
sus plazas y debajo de él se reunían los consejos;
después de la Conquista, á su sombra hacían las
elecciones de alcaldes; rendíanle adoración; en la antigüedad
lo zahumaban con gomas olorosas; decían que
de las raíces de la seiba venía su linaje. Conviene
fijarnos en dos puntos interesantes respecto á la raza
autóctona: que se creía nacida de los árboles y que les
rendía culto.
Votan, por el contrario, aparece en los manuscrí-
.' tos, no sólo inéditos sino alguno desconocido, como un
j civilizador extranjero que llega por el mar: toca primero
\ en la península del Yucatán , lo que indica que allí , en
las marismas , fué el primer establecimiento de los
inmigrantes; sin duda por ser tierra seca y sin agua
van buscando mejor terreno, y para ello siguen la costa,
pero dejan á una parte en su primera mansión, siendo
su representante Zamná ; llegan á la laguna de Términos
y allí se establecen en la boca del Usumacinta. Votan,
luchando con las corrientes de este río, representa á la
nueva raza extendiéndose poco á poco por sus riberas
y poco á poco sobreponiéndose y dominando al pueblo
autóctono. Sube Votan el río hasta Catasasá, y ahí se
establece: es la raza que toma asiento y para ello
consti'uye su ciudad. Por estar la ribera de Catasasá á
\ poca distancia de las ruinas del Palemke, creeríase y se
cree, que ésta fué la ciudad fundada por Votan; pero
no podía tener tal magnificencia el primer pueblo fundado
por la nueva raza, y la lejanía de cuatro á seis
leguas en que del río Usumacinta están las ruinas,
indica una construcción posterior para huir del desbordamiento
periódico de las aguas. Votan era el jefe de
una raza que á sí misma se daba el nombre de culebras;
Votan era un clian, una culebra, y el pueblo que fundó
llamóse Na-chan , ciudad de las culebras.
Votan era un sacerdote, y por consiguiente el
primer gobierno de los chañes fué la teocracia. El
pueblo de la descendencia de los Votanes se llamaba
Thiopisca, corrupción de Teopixca, que quiere decir
lugar de los sacerdotes. Si quisiéramos, pues, suponernos
por un momento á Votan ó á Zamná , diríamos
que eran dos sacerdotes negros que habían traído de la
Libia la nueva civilización y el nuevo culto. Esto nos
explicaría esos dioses de semblante etiópico con el
singular signo cuneiforme, como la cabeza de Hueyápan
y el hacha gigantesca. Nos daría también razón de
por qué á los dioses se les untaba de nlU y los sacerdotes
se pintaban de negro; particularidad que tuvo su
origen de la civilización del Sur, pues á Quetzalcoatl,
que representa el sacerdocio nahoa, se le pintaba blanco
y barbado. Esto explica igualmente la arquitectura de
la región, en la que Violet-le-])uc encontró mezclados
elementos de raza amarilla y de raza negra. Los
mexica como recuerdo tenían un dios negro, Ixtlilton,
que quiere decir negro de rostro.
El templo de este dios era de tablas pintadas y
había en él muchas tinajas de agua tapadas con comales;
esta agua se llamaba tlilatl, que quiere decir agua
negra, y cuando algún niño enfermaba lo llevaban á
beber del tlilatl. Tenía de particular la imagen de este
dios, que no era pintada ó esculpida como la de los
otros, sino que era un sacerdote que se vestía con el
traje especial de la divinidad que representaba. Parece
que querían con esta imagen viva significar de manera
expresiva al sacerdote negro que había introducido el
culto y en dios había sido convertido.
Antes de pasar adelante diremos que Humboldt
indicó la idea de que este Votan pudiera ser uno de los
buddhas que salieron á países lejanos á propagar su
religión. Nosotros le seguimos apoyados en que uno
de los nombres de Odin era Vuotan y en la creencia de
que en el Palemke había huellas búdicas, tales como
la cruz y unos barros que representaban una trinidad y
un santón. El señor Orozco adoptó la idea y la desarrolló
extensamente; pero mayores estudios nos han
convencido de que habíamos incurrido en error; la cruz
no es búdica; hemos encontrado los barros que se creían
perdidos , y no representan á tal santón ni menos á la
trinidad búdica, y no hallamos ninguna huella del
budismo en la religión del Palemke. Para nosotros
hay una razón que convence: la peregrinación de los buddhas
tuvo lugar quinientos años antes de nuestra era
según unos y mil según otros, y la misma religión
búdica no es mucho más antigua; de todos modos es
muy posterior á las edades del bronce y del hierro: así
es que si hubiese venido un buddlia habría introducido
el uso útilísimo de esos metales , la numeración decimal
y el calendario asiático, y de nada de eso hay siquiera
señales. La inmigración votánida es anterior en muchos
siglos al budismo.

Continuando con las tradiciones relativas á Votan,
encontramos que, habiéndose unido los chañes ó culebras
por medio de casamientos con los hijos del país
y formado así un nuevo pueblo, el sacerdote procedió
á la división de las tierras estableciendo el derecho de
propiedad. Esto distingue mucho á las dos civilizaciones,
pues hemos visto que en la del Norte dominaba el
comunismo, mientras que ahora nos presenta la del Sur
la idea enteramente opuesta de la propiedad individual.
Y otra diferencia notable entre ambas resulta
de la primitiva fundación de la ciudad Na-chan. En el
Norte el comunismo se unía á la vida patriarcal y á
la habitación en casas grandes ; en el Sur se necesitó
otro lazo para unir la comunidad de intereses, la ciudad.
En el Norte, por la misma clase de habitaciones,
consistía el culto principalmente en la contemplación de
los astros, el sacerdocio no podía tener gran desarrollo,
el jefe de la casa grande tenía el poder patriarcal
y éste por necesidad tuvo que convertirse en poder
guerrero; pero en el Sur la ciudad exigía un culto, la
religión tenía que unir los intereses aislados y el poder
tenía que ser teocrático.
Votan fué deificado: fuera un hombre ó la representación
de una raza, de él hicieron una divinidad.
Así se explica la existencia de los votanes de Teopixca,
pues era costumbre que los sacerdotes de un dios
llevaran su nombre. También los mayas deificaron á
Zamná, cuyo nombre significa rocío del cielo, á quien
tenían como el primer rey sacerdote y civilizador;
levantáronle suntuosas pirámides en la ciudad de Izamal
y en una de ellas se ve un rostro gigantesco imagen
del dios.
Lo especial de esta civilización del Sur hace que
antes de ocupamos en sus particularidades veamos
adonde se extendió. La hemos visto extendiéndose por
las costas de la península maya hasta la desembocadura
del Usumacinta, y subiendo por las riberas de éste
hasta Na-chan. No debió ser ésta la única ciudad y
así lo demuestran las ruinas que á lo largo del río se
encuentran ; de tal manera, que podemos decir que desde
las ruinas del Palemke hasta el mar había una serie
de ciudades; pero éstas en su principio debieron ser
muy modestas, y en las condiciones locales de la región
del Usumacinta y en las costumbres que corresponden
á aquella época semilacustre , debemos buscar la
manera de construcción que aquellos pueblos usaron.
El desbordamiento periódico del río los obligó á construir
sus habitaciones sobre terraplenes superiores al
nivel de las inundaciones, y de ahí nació la costumbre
en esa raza de construir lo que llamaban Ttú y los
mexica tlatclli. El kú les servía además de fortificación
ó defensa contra las tribus incultas que los hostilizaban,
y agregándole pisos por suntuosidad y para
mayor defensa llegaron á la pirámide, zacuaUi, cindadela
y templo á la vez. Dejando para después el tratar
extensamente de esto, tomémoslo ahora sólo como
elemento etnográfico.
A él se nos une inmediatamente el túmulo y la
piedra mortuoria ó menhir. Esta nueva raza no
Momia de un túmulo
quemaba á los muertos como los nahoas, los enterraba
en túmulos. Esta manera de entierro se caracterízaba
por la posición del cadáver, puesto en cuclillas ó
doblado sobre sí mismo; por la forma del sepulcro
piramidal en el exterior y levantado sobre la tierra
y hueco por dentro de manera que se pudiesen colocar
en él algunos objetos á más del cadáver que pertenecían
ó se referían al difunto.

DIOSES DEL POPOL VUH

Debemos examinar la idea que de sus dioses se formaban
los quichés. A más del nombre de 2'epeu, de que ya
hablamos, le decían Tzacol-hitol, que significa el que
hace ó fabrica algo, y Alomga-holom , el que tiene
hijos; todo para expresar su poder creador. Llamábanle
también Cae ó fuego, que les había sido dado por mano
de Tohil: así es que éste en realidad era el Xiuhtlefl,
y todos eran el sol en sus diversas atribuciones nahoas,
introducidas por los emigrantes yaquis y ameca.
Y sin embargo de que era el dios creador, conservando
su zoolatría, dejaron la creación del hombre á las
deidades animales; pero los nahoas introdujeron la idea
de la dualidad ó duodeidad, como dice con bastante
fortuna el P. Ximénez: y así Vxich, la zorra, y Vhú,
el lobo, fueron los padres de la humanidad. El señor
poderoso Hunhwiah/pú concibió en A'qnir, sangre, hija
de Cuchmnaqidc, sangre junta, á Hunahpú; y éste fué dos, Hnna?ij>'ú-Vvch y HíinaJijiíí-Vhú , que ya vimos
que fueron los padres de los hombres.
Otra dualidad que aparece como los padres y ascendientes
de los hombres, es la de los viejos Xpiyacoc y
Xmucane. El Popol Viih los llama dos veces abuelo y
dos veces abuela, con lo que se quiere dar á entender
que son los progenitores de los hombres. Sus nombres
vienen de iyum, antepasada, y mamam, antepasado.
Fueron , pues , entre los quichés los representantes de los
poderes paternal y maternal de la vida orgánica; en el
Popol Viih se les llama abuelos del sol y de la luna, y
se les invoca para la creación de la humanidad y para la
germinación de las semillas. El viejo Xjñyacoc es el
maestro de la adivinación, para lo cual se servía de los
tzite ó frijoles sagrados; y Xmiicane preveía los días
buenos y las estaciones favorables: ambos eran grandes
mágicos , y se les consultaba sobre los buenos ó malos
agüeros, si nacía un niño ó había de celebrarse un
matrimonio.

Buscando la importante etimología de estos nombres,
Ximénez dice que Xmucane viens de mi1{,
entierro ó fosa. El señor Brinton refiere que mucaan
significa cosa que está encuberta ó enterrada, siendo
buenos ambos sentidos por la costumbre que tenían los
pueblos del Sur de hacer sus enterramientos en túmulos,
cubriendo con tierra los cadáveres. Pues si á esa
palabra se le agrega el prefijo femenino ¿p y la terminal
eufónica e, resulta X-mucaan-e. Y sin embargo, el
mismo que da esta etimología no la acepta, y prefiere
la siguiente: x, prefijo de mujer, y mucanel, fortaleza,
poder: la fortaleza de la mujer. En cuanto á Xpiyacoc
lo deriva de xiplil, el falos, y de ococ, el acto de la
generación.

Sea de ello lo que fuere , tomando en consideración
todos los atributos de estos dos personajes, creemos que
son simplemente el Cipactli y la Oxomoco nahoas,
cuyos nombres se corrompieron ó reformaron, como era
natural , al pasar á otro idioma. De todos modos , vemos
que en la civilización del Sur juega gran papel el poder
generador, y que era importantísimo el culto del falos.
Por lo demás, la etimología de Xmucane, que expresa
la que entierra, viene bien con una de las representaciones
nahoas de la tierra, con Coatlicue, que ha
encallecido sus manos de tomar cadáveres que ocultar
en su seno, y como la tierra tiene dos cualidades, la de
destructora y la de creadora, le viene igualmente bien
la otra etimología que da la fortaleza ó poder generador
de la mujer, que corresponde á la Cliimalma
nahoa; pero notemos desde ahora que en la civilización
del Norte el símbolo del poder creador era la mano, y
en la del Sur el lingam ó falos

LA FAMILIA NAHOA

en nuestro estudio sobre la familia,
veamos la educación y la vida de la mujer. Establecido
el principio de la poligamia, la mujer nahoa no tenía
más misión que procrear hijos y atender á las necesidades
domésticas. Encerrada en su pieza aislada de la
casa grande , y reuniéndose solamente en la estufa para
comer ó practicar sus ritos , y raras veces en el patio
para las danzas y fiestas, se le enseñaba desde niña á
preparar el alimento, á hilar el algodón y á tejer lienzos
para los trajes y esteras para las habitaciones. Recordemos
que en el mito de la creación se mandó á la mujer que tejiese é hilase. En las ruinas se han encontrado
algunos aparatos para tejer.
Usaban para preparar los alimentos y moler el maíz.á fin de hacer la harina, de un mortero, molcáxitl,
molcajete, instrumento cóncavo, de piedra dura ó barro
cocido, apoyado en tres pies. De esta harina hacían el pinole, polvo que les servía de pan. Hilaban el
algodón y lo tejían así como el iztU ó fibra del maguey.
No se ha encontrado en aquella región el malácatl; así es que no sabemos qué clase de huso tenían; pero usaban
un telar semejante al que todavía tienen en algunos
pueblos de indios, y consiste en tender los hilos de dos
palos cruzados é ir formando la trama con el rhocliopaxfli
por medio de golpecitos. Hacían también esteras
de juncos , dándoles primorosas labores de grecas,
que embellecían con colores vivos y bien combinados.
Justos trabajos de la mujer nahoa nos traen naturalmente
á indagar los trajes y tocados que usaban. En
las tribus que encontraron los españoles, ya muy degeneradas,
generalmente los hombres no usaban vestido,
pero las mujeres siempre recataban su cuerpo , aun
cuando fuese de la cintura abajo. Sin embargo, encontraron
tribus vestidas, que nos dan á conocer los
antiguos trajes. Los pimas ú oofoma , que es su
verdadero nombre en su lengua , andaban decentemente
vestidos de píeles muy .bien curtidas y excelentes mantas
de algodón , pintadas de encarnado y amarillo. Aquí hombres usaban canutillos en el taladro de la nariz.
Las mujeres usaban collares , ya de las bellísimas
conchas azules de abulón , ya de caracoles , piedrecillas
y turquesas. Aquí es ocasión de manifestar que el
verdadero chalchilmifl, nombre que después se extendió
á todas las piedras finas, era la turquesa. Extraían las
turquesas de unos montes del Nuevo México, llamados
ahora Los Berrillos, y también se encontraban en las
inmediaciones del Colorado. En las ruinas se han
hallado también pendientes, cuentas de collar y un
amuleto de piedra blanca. Igualmente se han encontrado
turquesas y muchos ejemplares de la concha OHvella
liplirafa, á las que quitaban las agujas para hacer
collares. Se ha hallado también un anillo de piedra.
Podemos, pues, decir que los nahoas alcanzaron cierto
adelanto en el traje y en el adorno de su persona ; pero
observemos que no se encuentran en ellos huellas del
maxtli, que era la faja ó cinta que les caía de la
cintura por delante hasta la altura de las rodillas.
Los nahoas no conocieron la educación pública:
adiestrábase el niño del pobre en las labores del campo
ó en los trabajos de la industria de su padre; el del
guerrero aprendía el uso del arco y de la macana.



 Veamos ahora los productos que del maguey sacaban
los nahoas y de cuántas maneras lo utilizaban.
Debemos advertir que al bajar del Norte encontraron
los nahoas el maguey en la parte meridional del Chicomoztoc
, de manera que lo explotaron en el último
período de su civilización.
El uso más importante del maguey era el de las
fibras que extraían de las pencas, lo que les producía
el ixtli ó pita. Para obtener ese filamento recogían
las pencas ya secas y las echaban en agua á fin de que se destruyese la parte carnosa y recogían entonces las
fibras. Según las clases de maguey, empleaban el
filamento grueso, llamado lechuguilla, en hacer cordajes,
sogas, cactli , que eran una especie de sandalias que
usaban los indios, chimallí ó escudos, hondas é ixhuipilli
ó sayos de defensa para los guerreros: de la clase
fina de filamento tejian mantas y telas para vestirse;
de estos filamentos había algunos más finos, y los
misioneros mencionan como tales los usados en las telas
de la región tolteca.Cuando acababan de florecer los xiHi del maguey,
les servían de vigas para sus xacalli y las pencas ú
hojas las empleaban como tejas. Estos techos tenían la
ventaja de ser de muy difícil combustión y no estaban
expuestos á incendios ; pero los desperdicios de las
hojas pequeñas sí son perfectamente combustibles y
les servían como leña. Las cenizas de las pencas las
empleaban de dos maneras : para abonar la tierra y para
hacer una excelente lejía
, y además una cierta parte
de las raíces servía de jabón para lavar la ropa. Como
las hojas son acanaladas, las utilizaban en varios usos
domésticos, guardando en ellas el maíz molido ú otras
sustancias. Más tarde, pues no nos consta que lo
hicieran en la época nahoa, de la epidermis de las hojas
sacaban un papel blanco, compacto, sedoso y duradero
en que pintaban sus jeroglíficos. Igualmente hicieron
después sobre estas pencas sus mosaicos de pluma los
artífices llamados amanteca; finalmente, las púas
terminales de las pencas les servían de alfileres y
agujas para coser.


Encontramos, sin embargo, una ceremonia que los misioneros
llaman prohijación, y que semeja las costumbres
de la caballería. Para armar á un joven le daban un
arco, y el que lo recibía debía salir luego á estrenarlo
con algún hecho particular, ordinariamente el de matar
un tigre ó cualquiera otra de las fieras que en aquella
región abundan. Los ópatas, además, dirigían ceremo encontramos una nueva industria: la curtiduría de pieles.
Vestíanse, pues, los hombres con túnicas hasta la
rodilla , de pieles ó algodón , y usaban mantas. Las
mujeres usaban la camisa ó hvipil de algodón, y lo
mismo la enagua ó cucijetl que les bajaba hasta el
tobillo. Hacían sus tejidos y trajes de labores diversas
y de diferentes colores, usando las grecas y otros
adornos muy vistosos. También se han encontrado
mantas , bandas y vestidos de un ixtlí finísimo , que
difiere del hilo que dan el maguey común y la lechuguilla.
Hombres y mujeres usaban el cabello largo; los
primeros adornaban su cabeza con plumas de colores,
y las segundas se trenzaban el pelo haciendo con las
trenzas diferentes combinaciones de tocado; siendo el
más común la malácatl, que consiste en rodear la
cabeza con las trenzas, atándolas en la parte superior
de la frente. Por adorno ya se ha dicho que los ceremoniosas
exhortaciones al neófito y lo sujetaban á una
prueba dolorosa. "El padrino le pasaba por el cuerpo
desnudo una garra de águila con tal fuerza que las
uñas le hacían sangre. La menor muestra del dolor del
ahijado era bastante para que no se le recibiese guerrero.
El último recibido tenía que velar el campo en la
noche sin que se le permitiese acercarse á la lumbre ni
en el rigor de los fríos. Para que pudiese tomar
parte en los juegos se introducía al joven un palo
hasta la garganta y con esta ceremonia adquiría el
derecho de jugar al patoli, en el cual pasaban los días
enteros de sol á sol. Corresponde este juego al de los
naipes ó dados, y en lugar de ellos usan cuatro cañitas
cortas rayadas, menores de un geme, y en ellas tienen
unas figurillas ó puntos que dan la ganancia ó pérdida.
El modo de jugarlas es, porque todavía lo usan algunas
tribus, arrojarlas sobre una piedra para que salten y
caigan los puntos á la ventura, y cada uno va rayando
en la tierra los puntos que saca, hasta que se llega al
número de la apuesta, ganando el que los ha alcanzado
primero. Las apuestas generalmente eran de sartas de
cuentas ó de conchas, y entre los de -la casta guerrera
de arcos y de flechas. Tenían otro juego llamado del polo, y que les
servía de ejercicio para la guerra. .Tuntábanse para él
doscientos indios 6 más , y para él se desafiaban pueblos
enteros. Dividíanse los contendientes en dos bandos;
cada uno llevaba su palillo redondo y grueso, de
madera pesada, de un geme de largo y cavado en medio,
de suerte que caído en tierra pueda entrar debajo de él la punta del pié descalzo, como lo tenían para botarlo.
Los dos bandos arrojaban á un tiempo su palillo en
tierra, y desde el punto en que salían los empezaban á
botar con el pié, pues es ley del juego que no se ha de
tocar el palo con la mano. Se podían ayudar de una
varilla para colocárselo sobre el empeine , y mientras
uno lo cogía para arrojarlo , los otros compañeros se
adelantaban adonde debía caer para proseguir con los
botes al término señalado. De alií volvían botando el
palo al lugar de donde salieron , y la cuadrilla que
tornaba primero al punto de partida ganaba la apuesta,
líecorrían en este juego largas distancias de tres ó
más leguas , con lo que se hacían muy ligeros para
las guerras. Al terminarlo estaban los contendientes
sudando mucho , y para refrescarse acostumbraban arrojarse
al río.


Usaron también el juego de la pelota: era ésta de
hule , muy grande y fuerte. Jugaban en una plaza
limpia, barrida y llana, llamada latei. Colocábanse en
dos cuadrillas, de ocho á diez hombres cada una, á los
dos extremos de la plaza y se estaban arrojando la
pelota de cuadrilla á cuadrilla. Era ley del juego no
tocar la pelota con la mano, y el que lo hacía perdía
raya , pues sólo se botaba con el hombro ó con el
cuadril desnudo. La aventaban así con tal fuerza que
muchas veces no la podían alcanzar los contraríos;
otras , cuando la pelota iba saltando por el suelo , se
tendían y arrastraban con gran ligereza para botarla
con el cuadril. Cuando lograban arrojarla fuera del
término de la cuadrilla contraria, de modo que ésta ya
no podía devolverla, el juego estaba ganado. Entonces
los contendientes , acalorados y sudando , se arrojaban
al río.


De esta manera los nahoas unían á sus juegos la
higiene, el desarrollo del cuerpo por ejercicios gimnásticos
, y los convertían en instrucción de la juventud
para prepararse á los trabajos de la guerra. A igual
fin encaminaban una de sus distracciones favoritas : las
cacerías.
Debemos distinguir las cacerías particulares , en
que iba un indio por entretenimiento ó para buscar
carne conque alimentarse ó pieles, pues los nahoas no
tenían ganados domésticos. Los muchachos se ejercitaban
particularmente en la caza de tórtolas y codornices.
Los hombres preferían la de venados, jabalíes, liebres
y conejos, pues si á veces mataban tigres, leopardos,
lobos y zorras , era más bien por el interés de sus
pieles. Hacían la caza con flecha. Tenían la costumbre,
cuando cazaban un venado , de cocerlo entero , lo que
era motivo de invitaciones á los amigos y de banquetes.
Lo cocían por un procedimiento que todavía se usa y
que llaman barbacoa. Consiste en hacer un grande hoyo
en la tierra, en el cual se pone un fondo de piedras
sueltas y lumbre, hasta que las piedras se ven rojas;
entonces se coloca sobre ellas una capa de pencas de
maguey y encima el venado que va á cocinarse ; éste
se cubre con otra capa de pencas y después se cierra
el hoyo con tierra y se deja así toda la noche. La
carne toma de esta manera un cocimiento delicadísimo.
Servíales también la caza para adiestrarse en el
manejo del arco y aligerarlos para la guerra; pero para
este objeto emprendían especialmente las cacerías generales
, á las que convocaban á un pueblo entero ó á
varios. Hacían esa caza general rodeando un bosque
espeso, y si era tiempo en que la maleza está seca, le
pegaban fuego por todas partes , cercándola con sus
arcos y flechas en las manos. El fuego obligaba á salir
del monte toda la caza terrestre y volátil, y hasta las
serpientes y culebras , no escapándose nada de sus
flechas. Si algún animal se escapaba herido, como no
tenían perros para rastrearlo , esperaban al día siguiente
y observaban á lo alto por donde revoloteaban los
zopilotes, que son aves como auras que se alimentan
de carnes muertas , y eso les servía de guía para
encontrar la caza.
Buscaban también en los bosques para alimentarse
un lagarto pequeño que llaman iguana y que se cría en
las concavidades de los árboles y en el agua. Las
cazaban con mucho tiento con la mano para evitar sus
mordeduras, y al efecto, al cogerlas, les rompían luego
la quijada. Tomaban también en los bosques colmenas
silvestres de unas abejas pequeñas que no hacen cera,
pero sí sabrosísima miel. Estos panales , redondos y de
dos tercias de alto, los arman las abejas en una rama
de árbol de donde quedan colgando. Buscábanlos los
indios en la primavera, que es cuando se hallan, y para
ello se ponían á esperar cerca de un charco de agua la
llegada de las abejitas, y al punto en que se iban las
seguían á la carrera y con la vista al vuelo hasta encontrar
la colmena. Esto nos da idea de cómo ejercitaban
su agilidad y su vista. Tenían además aquellos pueblos
otro alimento en el monte en cierta época del año,
cuando se producen las tunas : todavía hoy , pueblos
enteros, especialmente en el rumbo de San Luis Potosí,
dejan en esa época sus casas y quehaceres y se van á
tunear toda la temporada.